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La transmisión de un mensaje

Francisca R. Quiroga

Etiquetas: 14 de febrero
El artículo ha sido publicado en Studia et Documenta, Revista del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá. (Vol. 1 - 2007)

Abstract: El artículo afronta el modo en que san Josemaría Escrivá de Balaguer recordaba y hablaba a los fieles del Opus Dei acerca de una de las fechas fundacionales: el 14 de febrero de 1930, cuando comprendió que el mensaje del 2 de octubre de 1928 estaba dirigido también a mujeres. En esta transmisión hay aspectos permanentes y otros que cambian a lo largo del tiempo. El análisis se apoya en testimonios autobiográficos de san Josemaría, escritos y orales, en los que evocó esa fecha.

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San Josemaría y a la derecha la autora del artículo en 1970 en Roma
San Josemaría y a la derecha la autora del artículo en 1970 en Roma
Finalidad y enfoque de esta nota. Fuentes

El 14 de febrero de 1930, san Josemaría Escrivá iniciaba la labor apostólica del Opus Dei con mujeres. Nos proponemos en este trabajo estudiar algunos aspectos de ese acontecimiento, analizando cómo el fundador fue evocando esa fecha cuando se dirigía a los miembros del Opus Dei. Inicialmente guiaron nuestra reflexión cuatro preguntas. En la transmisión de los hechos fundacionales, concretamente el del 14 de febrero de 1930, ¿qué dijo san Josemaría?
¿Cuándo y con qué frecuencia? ¿De qué modo? ¿Qué es constante y qué cambia a lo largo de los años?

Conforme avanzaba el trabajo se fueron planteando otras cuestiones que dan relieve y profundidad a las anteriores: ¿qué aspectos de la fisonomía del Opus Dei quedan iluminados en esa comunicación del hecho fundacional? ¿Qué rasgos de la personalidad del fundador se hacen patentes en su modo de transmitir lo ocurrido en esa fecha? Finalmente, ¿cuál fue la eficacia difusiva de sus palabras? Los que vivían con san Josemaría empezaron pronto a tomar notas que, como es lógico, son más abundantes a medida que van pasando los años: porque son más los que están cerca, y porque son cada vez más conscientes de su responsabilidad de transmitir lo que dice el fundador a las demás personas del Opus Dei. Es lo que llamaremos “apuntes tomados” de una homilía, de una meditación, en una reunión familiar (tertulia), en una entrevista (1) ... Serán la fuente principal para la elaboración de esta nota.

Un segundo núcleo de documentos que hace referencia al tema de estudio que nos ocupa es el epistolario. En las cartas, san Josemaría transmitía a los que estaban lejos lo que comunicaba de manera oral a los que tenía cerca, en conversaciones familiares y personales, en la predicación. La primera en la que encontramos una referencia al 14 de febrero de 1930 es una carta circular de 9 de enero de 1938 (2).

Se encuentran anotaciones sobre esas fechas también en sus Apuntes íntimos, es decir, en las notas personales –en las que se entrevé su trato personal con Dios, su afán apostólico– que fue redactando desde los años iniciales del Opus Dei.

San Josemaría con un grupo de universitarias en 1969
San Josemaría con un grupo de universitarias en 1969
Otra fuente son las noticias que se encuentran en los diarios de los centros (3) del Opus Dei de las ciudades donde residió san Josemaría –Madrid y Roma–, a los que acudiremos cuando se vea oportuno contrastar, confirmar, o complementar lo anotado en los apuntes señalados antes.

Se han utilizado también cartas de fieles del Opus Dei, contemporáneas del fundador, que relatan hechos o palabras significativas para nuestro tema de estudio.

Por lo que se refiere a las fuentes bibliográficas, nos serviremos de dos tipos de obras íntimamente relacionadas: biografías y estudios sobre san Josemaría Escrivá de Balaguer (4). Entre las biografías, utilizaremos preferentemente la más completa, documentada y extensa, que es la de Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, estructurada en tres volúmenes (5).

Nos apoyaremos también en estudios sobre la fundación del Opus Dei:
algunos incluidos en obras sobre la naturaleza, la estructura y la vida del Opus Dei como institución de la Iglesia Católica (6) y otros que tratan específicamente de la fundación, principalmente el de José Luis Illanes, Datos para la comprensión histórico- espiritual de una fecha (7).

El hecho fundacional del 14 de febrero de 1930

¿En qué consistió el hecho fundacional del 14 de febrero de 1930? Se
podría contestar a esta pregunta de una manera escueta diciendo: san Josemaría entendió que Dios llamaba a las mujeres a ser y hacer el Opus Dei. Por tanto, lo que sucedió en la fecha que nos ocupa hay que situarlo en la perspectiva de la realización de este proyecto que tuvo su inicio el 2 de octubre de 1928 (8).

El fundador detallaba siempre la fecha en que percibió que Dios quería la sección femenina del Opus Dei; algunas veces añadía también las circunstancias de lugar y de situación. El lugar fue el oratorio de la casa de la Marquesa de Onteiro, en Madrid. La situación: mientras celebraba la Misa; el momento preciso: inmediatamente después de la Comunión. Él mismo anotaría más tarde
lo que había sucedido en su alma: El 14 de febrero de 1930, celebraba yo la misa en la capillita de la vieja marquesa de Onteiro(9), madre de Luz Casanova, a la que yo atendía espiritualmente, mientras era Capellán del Patronato. Dentro de la Misa, inmediatamente después de la Comunión, ¡toda la Obra femenina! No puedo decir que vi, pero que sí que intelectualmente, con detalle (después yo añadí otras cosas, al desarrollar la visión intelectual), cogí lo que había de ser la Sección femenina del Opus Dei (10).

Y en una meditación dirigida en Villa Tevere (11), en el oratorio de Pentecostés:

Yo iba a casa de una anciana señora de ochenta años que se confesaba
conmigo, para celebrar Misa en aquel oratorio pequeño que tenía. Y fue allí, después de la Comunión, en la Misa, cuando vino al mundo la Sección femenina. Luego, a su tiempo, me fui corriendo a mi confesor, que me dijo: esto es tan de Dios como lo demás (12).

Aparece ese día algo nuevo, pero que no es una institución diversa, sino un ensanchamiento de lo que había comenzado el 2 de octubre de 1928 (13). De formas diferentes, siempre que se refería a lo que empezó el 14 de febrero de 1930, quedaba patente que había una plena continuidad con lo que vio el 2 de octubre de 1928. Lo expresaba de una manera muy clara en una reunión en Buenos Aires en 1974: “Fue el 2 de octubre del veintiocho, fiesta de los Santos
Angeles Custodios, cuando el Señor quiso que comenzáramos a trabajar. El 14 de febrero del treinta completó la Sección femenina esta gran movilización universal de cristianos para la paz, para el bienestar, para la comprensión, para la fraternidad” (14).

Veamos también un texto más antiguo, de 1959. Reunido con algunas
mujeres del Opus Dei que vivían en Roma, les decía: “Quería estar hoy con vosotras, mis hijas, porque celebramos el aniversario de aquel día en que Nuestro Señor se dignó abrir a las mujeres este camino divino en la tierra” (15).

En un apunte de una conversación con el fundador, en febrero de 1955, se refleja cómo entendía que la integridad del Opus Dei incluía a hombres y mujeres: “La Obra, verdaderamente, sin esa voluntad expresa del Señor y sin vuestras hermanas, hubiera quedado manca” (16).

Hombres y mujeres en el Opus Dei forman parte de una sola institución; tienen una misma llamada, una misma misión, idéntico espíritu y modos apostólicos (17); constituyen una sola familia que tiene como cabeza al “Padre” que, desde que el Opus Dei alcanzó su forma jurídica definitiva en 1982, es su Prelado propio (18). Así lo transmitió el fundador de formas variadísimas, con palabras
y con hechos. Y así lo entendieron los miembros del Opus Dei desde el principio. Parece significativa una anotación del diario del centro de mujeres situado en la calle Jorge Manrique, fechada el 14 de febrero de 1943, en la que se percibe el eco de las palabras de san Josemaría: “Nuestra primera mirada en este día tan grande para nosotras ha sido para el Jesús (sic) que desde el Sagrario nos
preside, en ella ha habido una acción de gracias muy honda por haber inspirado la colaboración femenina en su Obra” (19). La expresión “colaboración femenina”, aunque es inexacta, refleja bien dos aspectos que san Josemaría les transmitía: el Opus Dei es una institución única, con dos secciones; la iniciativa es divina, por
tanto, todos –las mujeres y los hombres– “colaboran” con Dios.

Aspectos esenciales del mensaje

Puesto que lo que nace en 1930 no es una nueva fundación sino una prolongación de lo que nació el 2 de octubre de 1928, el mensaje es el mismo: la llamada a la santidad en la vida ordinaria en medio del mundo (20). Cuando san Josemaría se refería al hecho del 14 de febrero de 1930 quedaba patente que la misión a la que Dios llamaba a las mujeres era la misma que la de los hombres. Lo expresaba con frases sintéticas y expresivas, como ésta: “nos ha escogido Dios desde toda la eternidad para hacer esta labor divina en el mundo entero” (21).

En otras ocasiones, san Josemaría explicaba más ampliamente la finalidad del Opus Dei, como sucedió en 1955, cuando se cumplía el 25º aniversario de la fundación de la sección de mujeres. Decía: “Es ésta la finalidad del Opus Dei. Os he dicho mil veces, y lo habéis aprendido muy bien, que la actividad de la Obra se resume en dar doctrina; que lo nuestro es ser luz que ilumine las inteligencias con el fulgor de las enseñanzas de Cristo, sal que preserve de la corrupción las costumbres de las gentes. Hoy deseo recordaros lo mismo, aunque con otras palabras: que la finalidad del Opus Dei es hacer amable el camino de la santidad a las almas” (22).

Y en esa misma meditación añadía: Con el Opus Dei podemos decir que se han abierto los caminos divinos de la tierra. Él, Jesús, es tan bueno, que ha permitido que anden por esta senda ancha de la Obra personas de todas las clases sociales, de todas las edades
y condiciones: hombres y mujeres, solteros y casados, seglares y sacerdotes, sanos y enfermos; todos con la misma vocación, con idéntica ambición de ser santos, con el mismo deber de hacer apostolado, de acuerdo con las exigencias del estado y situación de cada uno en el mundo. ¡Verdaderamente se han abierto los caminos divinos de la tierra! (23).

Sea cual sea la forma que empleara san Josemaría para referirse a este evento fundacional, se ponen de manifiesto dos notas esenciales íntimamente relacionadas: el protagonismo de Dios y el papel de instrumento del fundador (24).

La iniciativa, el querer, es de Dios, no de Josemaría Escrivá. En absoluto se sentía protagonista de estos acontecimientos.

En los textos que acabamos decitar el sujeto es Dios: “Él, Jesús […] ha permitido..; “nos ha escogido Dios…”. En la meditación del 14 de febrero de 1955 afirmaba con fuerza: “Yo os aseguro que ha sido voluntad expresa del Señor –señalada en este día del año treinta– la razón por la cual existe la Sección femenina del Opus Dei: Él lo ha querido” (25).

El fundador entendía que el 2 de octubre de 1928 era el día en que Dios le había querido manifestar su voluntad y su llamada a realizar la Obra: era el día del inicio del Opus Dei y de su vocación específica en esta institución (26). El 14 de febrero de 1930 comprendió que Dios quería que las mujeres recibieran también
el espíritu del Opus Dei, y que él era el instrumento para transmitirles el mensaje.

Se expresaba de manera que se entendiera que era Dios quien actuaba para que vinieran las personas al Opus Dei: era Jesucristo quien hacía la llamada, no Escrivá. En 1966 decía a mujeres del Opus Dei que vivían en Roma: “Hijas mías, comenzamos el año treinta y siete, y deseo deciros una cosa: yo no quería fundar ni la Sección de varones, ni la Sección femenina del Opus Dei” (27).

¿Cómo veía san Josemaría su papel en la realización del Opus Dei entre las mujeres? La respuesta es clara: ser instrumento para llevar a cabo en el tiempo ese querer divino. En una homilía, el 14 de febrero de 1970, cuando se cumplía el 40º aniversario, el fundador empezaba así:

Hemos de comenzar por dar gracias desde muy dentro del corazón porque, siendo instrumentos inútiles, nos ha escogido Dios desde toda la eternidad para hacer esta labor divina en el mundo entero. Hemos de decirle al Señor y a su Madre, que seremos fieles llevando el amor de Dios a todos los sitios; queriendo de veras el bien y la felicidad de todas las criaturas, de cualquier país, de cualquier lengua: todos somos iguales delante de Dios; en su divina presencia no hay nadie que sea menos que nosotros (28).

Siendo todos los fieles de la Obra instrumentos para hacer el Opus Dei, hay una distinción clara: se trata de una misma llamada divina que él cumplía como “Padre” de esa gran familia, y todos los demás como hijos espirituales suyos. Una paternidad que se prolongaría a través del tiempo en la figura de sus sucesores, que harían cabeza en el Opus Dei (29).

Esa responsabilidad paterna se expresa en formas diversas en los textos que estamos estudiando: en la experiencia de deberes precisos, en el gozo que comporta ser padre de una familia querida por la bondad de Dios, en el dolor y la preocupación que a veces los hijos ocasionan. En una homilía dirigida en 1960 a mujeres del Opus Dei, en el oratorio de Pentecostés de Villa Tevere, se expresaba así: “Treinta años hace hoy que el Señor puso sobre mis hombros el deber de sacar adelante la Sección femenina del Opus Dei. Treinta años de obediencia mía a la voluntad clara y terminante del Señor: por eso vosotras estáis aquí” (30).

14 de febrero y conciencia de fundador

Como es lógico, san Josemaría habló en diversos momentos a los miembros del Opus Dei, a lo largo de su vida, de los hechos fundacionales. Sin embargo, estudiando los textos, podemos afirmar que refería lo imprescindible de esos acontecimientos; es más, en muchas ocasiones eludía la respuesta cuando se le preguntaba sobre ellos, como tendremos ocasión de ver más adelante. Ya señala Andrés Vázquez de Prada que, al relatar lo sucedido el 2 de octubre de
1928, el fundador empleaba formas que aislaban el suceso sobrenatural de las circunstancias personales (31); lo mismo ocurre cuando evocaba la fundación de las mujeres (32).

¿De qué forma lo daba a conocer? Analizando los apuntes que nos han
llegado se advierte que utilizaba dos modos: uno taxativo, escueto, directo; solemne, dentro de la sencillez habitual en él. Otro indirecto, familiar, cordial.

En el primer grupo podríamos situar los textos que hemos citado en el apartado anterior. Son poco numerosos y tienen su encuadre generalmente en una celebración litúrgica. Los del segundo grupo, mucho más abundantes, hay que situarlos en el contexto de reuniones informales, con frecuencia en los días del aniversario. Tienen una forma coloquial, entrañable, que calaba hondamente en quienes le escuchaban.

Una de las formas indirectas de transmitir lo que significaba para todos el inicio del apostolado del Opus Dei entre las mujeres en 1930, era felicitar a sus hijas espirituales el 14 de febrero como en un cumpleaños (33). A la vez era también una fiesta para él, para el fundador, porque para un padre es siempre gozoso recordar el nacimiento de los hijos. En la misma fecha hacía ver a los varones que era también un día de celebración para ellos: tener hermanas, hijas del mismo Padre, era un motivo de alegría y agradecimiento.

Algunas veces san Josemaría se refería al aniversario del inicio del Opus Dei entre las mujeres abriendo su alma, manifestando que en esa fecha experimentó la alegría de un padre que ya no esperaba tener más hijos, cuando sabe que llega otro. En una ocasión les confió: “La Sección femenina tiene que ser la predilecta de mi corazón. Ahora, y después, cuando el Señor me llame a rendir
cuentas. A mí me pasó como a las madres que no esperan más hijos y el Señor les bendice de nuevo. A esos hijos se les quiere más, sin ofensa para los otros” (34).

En fechas cercanas al 14 de febrero, a veces hacía referencia al aniversario que se avecinaba diciendo que lo conmemorarían como un un gran acontecimiento, “porque yo no os esperaba –se estaba dirigiendo a mujeres del Opus Dei– y ahora os tengo” (35).

Sea cual sea la forma empleada, el fundador transmitía su clara conciencia de que el Opus Dei era de Dios, no algo ideado por él. Les hacía participar de su certeza de que se trataba de una iniciativa divina; lo hacía, no recurriendo a la descripción de su experiencia espiritual interior, sino a hechos exteriores que
mostraban, a él y a los demás, que el Opus Dei no era una creación suya. Así lo explicó ante un grupo numeroso de mujeres, en Perú, el año 1974:

Pensaba que en el Opus Dei no habría más que hombres. No es que no
quisiera a las mujeres –amo mucho a la Madre de Dios; amo a mi madre y a las vuestras; quiero a todas mis hijas, que son una bendición de Dios en el mundo entero–, pero antes del 14 de febrero de 1930, yo no sabía nada de vuestra existencia en el Opus Dei, aunque sí latía en mi corazón el deseo de cumplir en todo la Voluntad de Dios. Y cuando terminé de celebrar ese día la Santa Misa, conocía ya que el Señor quería la Sección femenina (36).

No sólo actuaba con ese criterio, sino que llegó incluso a ponerlo por escrito más de una vez. Así sucedió cuando estudió la posibilidad de que hubiera alguna institución que pudiera ser cauce para poner por obra lo que “había visto” el 2 de octubre: la descartó, entre otras cosas, porque esa institución trabajaba con mujeres (37).

Interpretó después este hecho como una prueba tangible de que las mujeres estaban en el Opus Dei no porque el fundador lo viera conveniente u oportuno, sino por un expreso querer divino: “Yo había escrito, a propósito de las diferencias entre el Opus Dei y una institución que existía fuera de España, que una era que nosotros no trabajaríamos nunca con mujeres. Esto debió de suceder a finales de 1929. Poco después, el 14 de febrero de 1930, estaba yo celebrando la Santa Misa en casa de una anciana señora, cuando vino al mundo la Sección femenina de la Obra” (38). Y en otra ocasión: “Para que no hubiera duda de que era Él quien quería realizar su Obra, el Señor ponía cosas externas. Yo había escrito: nunca habrá mujeres –ni de broma– en el Opus Dei. Y a los pocos días..., el 14 de febrero, para que se viera que no era cosa mía, sino contra mi inclinación y contra mi voluntad” (39).

Dos años después, también el 14 de febrero, dirigiéndose a un grupo de mujeres del Opus Dei, en Roma, afirmaba: “yo no quería fundar ni la Sección de varones, ni la Sección femenina del Opus Dei. En la Sección femenina no había pensado nunca. Os aseguro con una seguridad física –así, física–, que sois hijas de Dios. Que El os bendiga. Que estéis contentas con la llamada de Dios al Opus Dei” (40).

Ocasiones en las que san Josemaría hablaba del 14 de febrero de 1930. Frecuencia y motivos

Estudiando los textos, advertimos que las ocasiones más recurrentes en las que san Josemaría se refirió al 14 de febrero de 1930 se sitúan en torno al aniversario de esa fecha: el mismo día, la víspera o al día siguiente. Las palabras que conservamos de otros momentos son pocas. La evocación se suscitaba por hechos que le llevaban al recuerdo del inicio de la labor apostólica con las
mujeres, no provocadas por una pregunta directa: cuando se la hacían, eludía amablemente la respuesta.

Por ejemplo, un 14 de febrero, un miembro del Opus Dei preguntó al fundador:

¿Qué nos dice de este aniversario? La respuesta fue claramente evasiva en cuanto a lo que era accidental; en cambio, afirmó lo esencial, lo que debía transmitir a los demás, y que por eso complacía a Dios, que fue siempre el motivo determinante de su conducta:

No recuerdo nada. Sabéis que tengo poca memoria, a veces. Si me preguntaras cosas más antiguas, las recordaría. De todas maneras una cosa te puedo decir, porque con esto no ofendo a Dios, sino que le agrado: que yo, aquel 14 de febrero estaba bien lejos de pensar que habría mujeres en el Opus Dei.

Más: había escrito que no las habría. Antes de la Misa estaba en esa seguridad, y después de la Misa estaba en la contraria. Y ya está, hemos acabado. No me acuerdo de más (41).

¿Por qué la resistencia de san Josemaría a contar los hechos fundacionales? Respecto a lo sucedido el 2 de octubre de 1928, José Luis Illanes señala: Fue siempre muy sobrio, más aún, escueto […]. De ordinario se limita a decir que en ese día vio –empleó siempre esta palabra– el Opus Dei. Su resistencia a descender a detalles nacía de su humildad –siempre rehuyó todo lo que de una forma u otra, condujera a hablar de su persona–, pero también, y quizá sobre todo, de su preocupación por apartar a quienes le escuchaban de “actitudes milagreras”, para conducir la atención hacia lo fundamental: la santificación de la vida ordinaria (42).

La respuesta a la llamada divina debe basarse en la fe, no en supuestos o reales milagros. Hablaría, en este sentido, de “milagrerías” para referirse a la pretensión de apoyar la respuesta a Dios en hechos milagrosos (43).

Ante un grupo de peruanas, comentaba en 1974: “Sí. Era un 14 de febrero de 1930... El Padre no habla de milagrerías. Para mí es providencia ordinaria, lo mismo que las leyes que ha puesto Dios Nuestro Señor a toda la naturaleza, al movimiento de los astros... Tan ordinario es que se cumplan, como que se suspendan por Voluntad divina. De modo que, sin milagrerías, con Providencia ordinaria, supe en esa fecha que el Señor quería la Sección femenina del Opus
Dei” (44).

Sin embargo, san Josemaría, a pesar de su resistencia, dio a conocer los sucesos fundacionales a los hombres y a las mujeres del Opus Dei, porque consideraba que tenían derecho a conocerlos y por tanto él debía manifestarlos. En su Memoria del Beato Josemaría, el actual prelado del Opus Dei escribe: “Estando
ya en Roma, recibió indicación expresa de la Santa Sede de abrir su alma, de cuando en cuando, a los miembros del Opus Dei, para relatarles ese tipo de sucesos que tan estrechamente estaban unidos a su vida y a la historia de la Obra” (45).

Hablando a sus hijas espirituales, san Josemaría era consciente de que el acontecimiento del 14 de febrero de 1930 les daba el sentido de su vida: su dedicación a la realización del Opus Dei no tendría explicación si no se fundara en un claro llamamiento divino. Así lo explicaba el año 1966 : “La vocación es un auténtico prodigio. No hay razón para que estéis aquí, en la Obra y en esta casa. Gracias a Nuestro Señor. Gracias a la Santísima Virgen, que nos ha ayudado;
gracias sin fin hemos de darles, porque con esta vocación nuestra, en cualquier labor intelectual o manual, nos estamos santificando y ayudamos a santificarse a quienes nos rodean” (46).

Actitud ante el recuerdo del 14 de febrero de 1930
Agradecimiento

Desde el principio del Opus Dei, san Josemaría consideró las fechas fundacionales como días de acción de gracias. Así lo enseñó a vivir a los que formaban parte del Opus Dei. El primer documento en que se manifiesta este modo de proceder es una carta de san Josemaría que tiene fecha de 9 de enero de 1938.

El motivo de esas letras es anunciar la inclusión de la oración por el Padre en las Preces del Opus Dei (47); y precisa que empezarán a hacerlo “desde el 14 de febrero próximo –día de Acción de Gracias, como el 2 de octubre–” (48).

El 13 de febrero de 1939, desde Vitoria, envió varias cartas en las que recordaba a los destinatarios que el 14 de febrero es, para los del Opus Dei, un día de acción de gracias. Escribía: “Hoy, vísperas de uno de los días de acción de gracias –quizá pase inadvertido, para casi todos–, me acuerdo de cada uno con más intenso pensar y querer” (49).

En otra: “Mañana es día de acción de gracias. Si se te olvidó, hazlo al día siguiente de recibir mi carta,... como Dios te dé a entender, que sí te lo dará a entender, si le quieres escuchar” (50). En la tercera:

“Mañana, peque (51), es día de acción de gracias. Por eso, no quiero dejar de ponerte unas líneas. Pediré al Señor –acción de gracias... y petición– que estés en forma, para la labor que se nos viene encima” (52). Y en otra: “Tengo necesidad de escribiros a todos, hoy, vísperas de un día de acción de gracias... ¿Quién se acordará?” (53). En la quinta decía: “Mañana, martes, es día de acción de gracias: estoy seguro que no lo habrás olvidado” (54).

Un año más tarde escribía a María Dolores Fisac, una de las primeras
mujeres del Opus Dei (55), que residía entonces en Daimiel (Ciudad Real): “Sentimos que no estés hoy por aquí. Supongo que no te olvidarás de que es éste día de acción de gracias. Estoy seguro que el año próximo dispondrá el Señor las cosas para que celebres la fecha en familia. Mientras, a vivir con generosidad la
más ferviente Comunión de los Santos” (56).

Después de 1943 la acción de gracias alcanzó un doble motivo. En efecto, en otro 14 de febrero, el de 1943, san Josemaría encontró, por luz divina, la solución para que fieles del Opus Dei pudieran ordenarse sacerdotes (57). En 1947, el fundador escribía desde Roma a las de Madrid que formaban parte de la Asesoría Central (58): “Que el próximo día 14, doble día de acción de gracias, haya muchas Admisiones, muchas Oblaciones, y vosotras –las que habéis hecho la Fidelidad– podéis, como os dije, redondearla” (59). Y el año siguiente, en una carta dirigida a las mismas destinatarias, anotaba: “Queridísimas: Pocas cosas esta semana. Se acerca vuestro día, el 14: ¡día de acción de gracias!”(60).

La acción de gracias, que mantuvo siempre un tono íntimo y personal,
se plasmó también en la vida de los primeros centros. En 1943, cuando algunas mujeres del Opus Dei se disponían a pasar por primera vez en un centro la fecha del 14 de febrero, dejaron plasmado en el diario: “A las seis vino el Padre para decirnos que como preparación al día 14, fecha grande para nosotras y de una
acción de gracias muy profunda, iba a darnos mañana por la tarde de 5 a 8 un [...] retiro» (61).

Y el día 14 escribieron que “la jornada está llena de una acción de
gracias muy honda por haber inspirado la colaboración femenina en la Obra” (62).

Tres años más tarde se habían abierto varios nuevos centros en los que vivían mujeres del Opus Dei. En torno al 14 de febrero, en los diarios de esas casas se leen expresiones que reflejan el mismo tono de gratitud (63).

En su predicación y en las conversaciones con los que estaban cerca, san Josemaría desgranaba los motivos para dar gracias. En primer lugar por ese designio amoroso de Dios para la humanidad, y luego por su realización concreta en las personas que Dios llamaba. Siempre se admiraba de la eficacia divina cuando veía el fruto abundante de la semilla que Dios puso en su corazón el 14 de febrero de 1930. Cuando se cumplía el 25º aniversario de esta fecha, durante su oración en voz alta, en el oratorio del Corazón de María, en Villa Sacchetti (64), acompañado por mujeres de varios países, de distintas profesiones y condición social, se expresaba así:

Hoy ha de manifestarse nuestra gratitud a Dios con acentos nuevos. Damos gracias por todo lo que el Señor ha hecho con la Obra, y especialmente con vosotras, llamándoos a formar parte de esta hermosa familia sobrenatural.

Cada vocación es un derroche de gracias divinas, y exige al menos un poco de correspondencia por parte de la persona llamada. Sé que en tu caso ha habido, no sólo un poco, sino una plenitud de correspondencia. ¡Dios te bendiga, hija mía, si has sabido comportarte así! (65).

Y añadía: “Es aniversario de la fundación de la Sección femenina del Opus Dei. Y toda la Obra se llena de alegría. Todo el Opus Dei, cada uno de sus miembros, cada una de vosotras, cada uno de vuestros hermanos le dice al Señor: gratias tibi, Deus, gratias tibi!” (66).

Once años después, en una reunión familiar, san Josemaría hacía ver el mismo motivo de agradecimiento, la llamada recibida a santificar el propio trabajo: “Digo, hijas, que estéis muy contentas porque el Señor, a vosotras y a mí, nos ha querido tanto que de un modo particular ha pensado en nosotros desde toda la eternidad y nos ha llamado a cada uno por nuestro nombre” (67).

Alegría: día de fiesta

Para san Josemaría, el agradecimiento era inseparable de la alegría. “Agradecer y estar contentas”, recomendaba el fundador a las mujeres del Opus Dei que habían venido para festejar con él la fecha del 14 de febrero en 1966 . Una alegría especial, intensa y a la vez sencilla y discreta. En una carta que escribió poco antes del 25º aniversario de la Sección de mujeres escribía:

“Queridísimos: el día 14 de febrero próximo celebramos las Bodas de Plata de la Sección Femenina de nuestro Instituto (68). Os pido que, en toda la Obra, se viva esa fiesta con especial acción de gracias al Señor y a su Madre Santísima, con alegría y sin ruido” (69).

Todo se podría resumir diciendo que para san Josemaría, tanto el 2 de octubre como el 14 de febrero, eran “fiesta de familia”. En una meditación que predicó el 14 de febrero de 1955 glosó esa idea:
Os preguntaréis, hijas de mi alma, por qué celebramos sin ruido esta fiesta.

Y os respondo que este modo de hacer es muy propio de nuestro espíritu, que no gusta de manifestaciones aparatosas. Preferimos celebrarlo así, en la intimidad de nuestra familia, con una alegría interior que trasciende todas las cosas, que empapa el alma de cada una de mis hijas, de cada uno de mis hijos, y el ambiente de nuestros Centros. Nos gusta celebrarlo con naturalidad, con silencio: éste es nuestro espíritu (70).

En 1970, en la misma fecha, les comentaba: “A mí no me gustan las solemnidades, ya lo sabéis; las esquivo. Es natural que vosotras estéis muy contentas, que hagáis muchas acciones de gracias. Yo también las hago: pero no haremos ninguna cosa rara, que no es propio del Opus Dei” (71).

Con su ejemplo y con su palabra, el fundador enseñó a los miembros del Opus Dei cómo celebrar las fiestas de una manera sencilla, pero entrañable, alegre, sumamente grata. En primer lugar sugirió desde el principio que en los centros celebraran algún acto de culto que no vivían en las jornadas ordinarias.

Así, en la fiesta del 14 de febrero –cuando era posible– tenían Misa en la medianoche (72), para empezar ese día grande con la acción de gracias central, que es el Sacrificio eucarístico (73). Desde el primer 14 de febrero celebrado en un centro –el de la calle Jorge Manrique– tuvieron exposición del Santísimo Sacramento y Bendición (74).

También se esmeraban en confeccionar para ese día algún ornamento o
algún lienzo litúrgico nuevo, más digno, que hacían llegar al Padre, o un vaso sagrado más rico. En una carta de 10 de enero de 1956, dirigida a los miembros del Opus Dei que residían en Madrid, san Josemaría escribía: “Muy bonito, el cáliz: lo usaremos, por primera vez, el próximo 14 de febrero: se tenían muy calladas esta hazaña vuestras hermanas. Dios las bendiga” (75).

Como corresponde al espíritu que Dios inspiró a san Josemaría en el que se unen lo sobrenatural y lo humano, los días de fiesta, concretamente la del 14 de febrero, se celebra en la vida de los centros con un extraordinario en la comida, adecuado a una familia que sabe expresar el agradecimiento y el cariño en estos detalles. En los diarios de los centros de mujeres, desde los primeros años, se refleja la ilusión y el empeño con que se esmeraban en este detalle para dar realce a la celebración. En el diario de Villa Sacchetti el 13 de febrero de 1950 anotaban: “Como mañana es un día grande [...], hemos andado en preparativos para la Misa de medianoche, para el resopón (76), para la comida y la merienda de mañana” (77). Algo semejante habría que decir del arreglo personal: propio de quienes están de fiesta.

Desde luego la celebración del 14 de febrero se distinguía por entrañables reuniones de familia, especialmente alegres cuando el fundador, el Padre, participaba en ellas. Resulta significativo lo que escribieron en la administración de Pompeo Magno, un centro de Roma, el 14 de febrero de 1951: “Varias veces hemos tenido hoy la suerte de que el Padre viniese por la Administración y estuviese un rato con nosotras" (78).

Como resumen de ese tono de alegría que san Josemaría imprimía en las fechas fundacionales, reproducimos lo que escribieron en el diario de Villa Sacchetti el 14 de febrero de 1950: “Hoy es un día grande, feliz, lleno de alegría para nosotras. Es día de echar a volar todas las campanas de Roma, día de pasárselo entero dando gracias a Dios. Y día también de celebrarlo porque es como si
fueran los santos y cumpleaños de todas. ¡Y ya somos unas cuantas! Así que lo hemos celebrado con toda nuestra alma por dentro y por fuera” (79).

Responsabilidad de responder a la llamada divina

Recordar la bondad divina, que había querido abrir nuevos caminos de la santidad en el mundo, era para san Josemaría una llamada a la responsabilidad. Desde los primeros años, el aniversario del 14 de febrero era un momento en que se preguntaba qué había hecho para promover y formar vocaciones al Opus Dei entre las mujeres, y avivaba su fe y su oración para que el Señor enviara más personas. En sus Apuntes íntimos escribió el 14 de febrero de 1933 que todavía
ellas son pocas (80). Y un año después anotó: “Día 14 de febrero de 1934: son cuatro años hoy desde que inspiró el Señor la rama femenina. [...] ¡A ver cuándo me envías, Dios mío, la mujer que pueda ponerse al frente de ellas al principio, dejándose formar!” (81).

El día 13 de febrero de 1942 san Josemaría dirigió la meditación a un grupo de mujeres que atendía espiritualmente en ese año. Acudieron solamente cuatro. Y les decía que veía en ellas a muchas otras más, que llegarían en los años venideros (82).

También en esas fechas solía remover el sentido de responsabilidad de los miembros del Opus Dei; los impulsaba a una mayor exigencia personal en la lucha por la santidad y por abrir el camino con generosidad buscando las personas que Dios había llamado desde la eternidad, pero que quería que contribuyeran a encontrarlas. El 15 de febrero de 1942 escribía a dos que vivían en Valencia, Encarnación Ortega y Enrica Botella (83), con palabras que no parece
aventurado suponer que son consecuencia de su oración del día precedente.

Son unas líneas a mano, con trazos fuertes, llenas de fe y de amor y a la vez extremamente prácticas, operativas. Les indicaba que fueran a ver a un amigo suyo, sacerdote, que les presentaría a mujeres que podrían entender la llamada al Opus Dei: “Id a ver enseguida a D. Antonio Rodilla (84) (le acabo de escribir) y
decidle de mi parte que Jesús necesita que vengan muy pronto, a vuestra casa de Madrid, siete valencianas (ni una menos)” (85).

Antes nos referíamos al retiro que dirigió el 13 de febrero de 1943, en el centro que se había abierto recientemente (86). En el diario de ese día anotaron la impresión profundísima que les produjo la predicación del fundador, removiendo su responsabilidad ante la tarea que Dios les estaba pidiendo: “Todas hemos quedado impresionadísimas y con deseo de cambiar cuanto haga falta para poder ser como el Padre nos ha dicho, los cimientos de la Obra” (87).

Dirigiendo la meditación a mujeres del Opus Dei que vivían en Roma en 1954, san Josemaría hacía una llamada a su responsabilidad: “Piensa cuántas cosas grandes dependen de ti, de que tú quieras ser instrumento” (88). Dos años después, en la acción de gracias de la Misa, les abría el amplísimo panorama apostólico que tenían por delante; cuando la Sección femenina del Opus Dei cumplía 26 años, y ya los frutos de la labor eran patentes, no deja de hacer una llamada seria a su responsabilidad apostólica:

Hijas mías, yo quisiera que hoy os dierais cuenta de tantas cosas como el Señor, la Iglesia, la humanidad entera esperan de la Sección femenina del Opus Dei; y que, conociendo toda la grandeza de vuestra vocación, la améis cada día más. Decididas a ser el instrumento que el Señor necesita, con optimismo, con alegría, con sentido sobrenatural. Adelante, hijas mías, que el Señor espera mucho de vosotras; pero que se os meta bien en el corazón esto:
no haremos nada si no somos santos (89).

El impulso que suponía para san Josemaría la consideración de las fechas fundacionales se dirigía sobre todo a la vida interior, que consideraba la verdadera fuente de la acción apostólica. Abría amplios horizontes y, a la vez, descendía al pormenor concreto, factible, al alcance de la mano. En una reunión familiar de 1965, hacía ver a las que habían acudido a Villa Sacchetti para festejar
el 14 de febrero, que la gratitud y la alegría auténticas son operativas, responsables: Yo mismo quiero dar gracias con vosotras por este catorce de febrero: es una fecha para agradecer la providencia de Dios y su amor por la Obra. Pero la mejor manera de ser agradecidos es que vivamos dándonos cuenta de que nuestra vida entera se ha hecho vida en Dios, vida en Jesucristo. No obramos, no pensamos, no deseamos más que santificar lo que nos rodea, siendo antes nosotros realmente santos. Y esto sin perder el sentido humano de la vida. Somos criaturas débiles, humanas, y no nos ha de preocupar tener errores ni descubrirlos en nosotros (90).

Y más adelante, en conversación con ellas, comentó: Hoy no es día de entristecerse; es día de acción de gracias. Hoy es día de renovar por devoción, en el fondo del alma, esta dedicación al servicio de Dios en el mundo, a través del trabajo. No es día de ponerse tristes... ¡alegres! Si porque tenemos defectos, nos ponemos tristes, no mejoraremos. Día de luchar con afán deportista. ¿Que hasta ahora no he saltado este obstáculo?... ¡A que me lo salto! Hay que ir con alegría, con perfección humana, a hacer esta Obra de Dios: a hacer obra de Dios el trabajo de cada día, cada una el que le toque, con perfección. No es una perfección sólo interior; es además una perfección humana. Por lo menos ponemos toda nuestra voluntad en aprender a hacer bien todas las cosas que tenemos que hacer por nuestra dedicación. Y si aun así, algo sale mal, porque –dada la humana fragilidad– no todo tiene que salir bien siempre, hay que continuar con sentido deportivo intentando dar el salto (91).

En las anotaciones de los diarios de los centros se refleja la invitación a un agradecimiento responsable. Así, en el diario de Villa Sacchetti el 14 de febrero de 1967 escribían que, en la homilía de la Misa celebrada por san Josemaría, a la que asistieron algunas de ese centro, “nos hizo sentir la juventud perenne que
hemos de tener y nuestra responsabilidad de ser santas para ayudar a la Iglesia entera” (92).

Aspectos permanentes y cambiantes en la transmisión
del hecho fundacional


Elementos constantes

Al examinar el conjunto de documentos que estudiamos, agrupados por
orden cronológico, comprobamos que la transmisión de los elementos esenciales del mensaje permanece invariable a lo largo de los años. Se mencionan siempre igual, como se podía esperar, la fecha, el lugar, el momento. Siempre idéntico también el mensaje, aunque con formas de expresión diversas.

Constante es la referencia a la intervención de la Santísima Virgen,
aunque no la nombre en todas las ocasiones. San Josemaría hablaba, desde el 2 de octubre de 1928, de una particular presencia de la Madre de Dios en el origen y en la historia de la Obra; reiteraba esta consideración cuando mencionaba el comienzo de la Sección de mujeres. En la meditación que dirigió el 14 de febrero de 1957, lo expresaba así: “La Providencia ha querido que, en la tierra, no tuvierais fundadora: y yo entiendo –lo he entendido siempre– que vuestra Fundadora es la Madre del Cielo, Santa María” (93).

Otra constante a lo largo de los años es la consideración de que la coincidencia de fechas fundacionales el 14 de febrero de 1930 y el 14 de febrero de 1943 no había sido casual: era una confirmación de que todos tienen una misión única: hombres y mujeres, sacerdotes y laicos. En 1974 decía a un grupo numeroso de mujeres del Opus Dei, en Roma: “Vosotras sabéis que hoy es el aniversario de la Sección femenina de la Obra, y de la fundación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Evidentemente el Señor quiso –porque fue Él– que los sacerdotes tuvieran el mismo empeño de trabajar por las dos secciones; y quiere, también, que tanto la Sección masculina como la Sección femenina recen mucho para que los sacerdotes sean santos” (94).

Veía la coincidencia de fechas como una providencia divina, un gran bien –la unidad del Opus Dei– que había que custodiar y fomentar.
Estoy seguro de que habréis comenzado el día de hoy dando gracias a
Dios por haber querido indicarnos, el 14 de febrero de 1930, que el camino abierto por Él en 1928 era también para mis hijas, llamadas a realizar un gran trabajo celestial en medio de los afanes terrenos. Además, no olvidéis que en otra fecha como ésta, el 14 de febrero de 1943, quiso el Señor coronar –¡tantas veces os lo he dicho, con estas mismas palabras!– el divino edificio del Opus
Dei. Yo me conmovía al leer el Santo Evangelio de hoy, y al contemplar esas imágenes que hay detrás de este altar nuestro, en el retablo: Cristo en la Cruz, y la Virgen Santísima, y aquellas otras santas mujeres, y el discípulo amado: el sacerdote. Y he pensado que, especialmente hoy, vosotras agradeceréis de veras la unidad de la Obra (95).

En el año 1970, utilizando una imagen muy querida, la del borriquito (96), comentaba: “Hemos de amar la unidad de la Obra, que es una gran bendición de Dios. La Sección de varones, que nació antes que la Sección femenina, no va en distinta dirección: tiramos todos del carro del amor de Dios y del servicio a la humanidad, en la misma dirección” (97).

Aspectos que se acentúan en distintos momentos

En los primeros años predominaba la urgencia de responder al don de
Dios con oración, sacrificio y acción: todo estaba por hacer. Por eso, la llegada del 14 de febrero llevaba al fundador a realizar un balance que se canalizaba en un impulso: más santidad personal, mayores y más altas metas apostólicas.

Poco a poco, empezaron a madurar los frutos: personas que hacían suyo el ideal de santificar su profesión, nuevas iniciativas apostólicas, ambientes que cambiaban por la irradiación cristiana transmitida por hombres y mujeres del Opus Dei. A partir de la mitad de la década de los cincuenta se empieza a percibir un nuevo aspecto en los textos alrededor del 14 de febrero: va in crescendo la gratitud por la eficacia divina que quiere servirse de instrumentos inadecuados para lograr frutos espléndidos; y crece la gratitud también por la fidelidad de quienes respondían lealmente a la llamada divina. Escogemos varios textos de los años 50, 60 y 70 que nos parecen indicativos de esta evolución.

Febrero de 1950. Las mujeres del Opus Dei eran todavía pocas y estaban desbordadas por los horizontes apostólicos que se abrían ante ellas. Una de las primeras, Encarnación Ortega, escribía a un centro de Madrid, para referirles cómo habían vivido en Roma el día 14 de febrero de ese año:

Seguro que todas tenéis muchos deseos de que os cuente lo que hoy nos ha dicho el Padre ¿verdad? [...] Nos dijo que la Sección femenina del Opus Dei ya se va haciendo mayor. Que este año se va a dar un empuje tremendo poniendo en marcha muchas cosas al mismo tiempo y perfeccionando las que ya marchan. Pero que para que esto sea una realidad, hace falta que nosotras tengamos una entrega total olvidándonos totalmente de nuestros problemas –que dejan de serlo en cuanto los ponemos en manos de Dios (98).

Año 1960. El 14 de febrero coincide con un momento importante en el
desarrollo de la labor apostólica de las mujeres del Opus Dei: varias estaban a punto de trasladarse, unas a Kenia, otras a Japón, naciones lejanas geográficamente de sus lugares de procedencia, diferentes por cultura, historia y condiciones de vida, con una evangelización incipiente (99). Se verificaba en los hechos lo que el fundador había visto el 2 de octubre de 1928: la entraña universal de la labor que Dios le encomendaba. En la homilía de la Misa, les dijo:

Hoy, en la epístola de la Misa, que por concesión de la Santa Sede celebramos para agradecer a la Madre de Dios el don maravilloso de vuestra vocación, se lee: Ego quasi vitis... Habla de la vid y de los sarmientos. Así la Obra, así la Sección femenina del Opus Dei se ha ido llenando de frutos, que huelen maravillosamente; se ha ido llenando de virtudes espléndidas, calladas, ocultas y eficaces: de trabajo, para poder extenderse por todo el mundo [...] Como
demostración de nuestro agradecimiento, Señor, un buen puñado de mis hijas se van. Se van con gusto, con alegría, con entusiasmo. Fieles, fieles, con una fidelidad inquebrantable (100).

Seis años más tarde, san Josemaría se reunía con fieles de varios países en la sede central del Opus Dei. Después de unas palabras en las que expresaba de una manera terminante su convicción del origen divino de la Sección femenina del Opus Dei, añadió algo que no se encuentra en los años anteriores: Que estéis contentas con la llamada de Dios al Opus Dei. La Obra es un florecer de rosas en todas partes. Un florecer de rosas; una muestra grande de
la predilección del Señor.

Un gran plantel de santidad es el Opus Dei. Tened paciencia. Vendrá la cosecha. Llegarán las rosas. Vendrán también las espinas, naturalmente. ¡Pues estaría bueno que no encontráramos espinas en esta cosecha de rosas que es nuestro apostolado! Pero si apretamos con amor las espinas, también en nuestras heridas florecerán rosas nuevas... (101).

En 1974, hablando con un grupo numeroso de mujeres del Opus Dei,
hace una de las rememoraciones más largas del 14 de febrero de 1930. La hemos citado parcialmente destacando algunos aspectos; vale la pena ahora reproducirla íntegramente: Yo barruntaba el amor de Dios, pero no sabía que era tan inmenso. Y aquel 2 de octubre de 1928, fiesta de sus Angeles Custodios, Jesús Señor Nuestro
quiso el Opus Dei. Le pido perdón porque, desde entonces, no he sabido trabajar bien.

Pensaba que en el Opus Dei no habría más que hombres. No es que no
quisiera a las mujeres –amo mucho a la Madre de Dios; amo a mi madre y a las vuestras; quiero a todas mis hijas, que son una bendición de Dios en el mundo entero–, pero antes del 14 de febrero de 1930, yo no sabía nada de vuestra existencia en el Opus Dei, aunque sí latía en mi corazón el deseo de cumplir en todo la Voluntad de Dios. Y cuando terminé de celebrar ese día la Santa Misa, conocía ya que el Señor quería la Sección femenina. Después, el 14 de febrero de 1943, quiso coronar con la Cruz el edificio suyo: la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

Hijas mías, sois ya de todos los colores: desde el blanco pálido del norte de Europa, hasta el negro más intenso de África, pasando por el amarillo y el rojizo con sus tonos intermedios. ¡Es una bendición de Dios! (102).

En los últimos años, cuando los frutos apostólicos eran ya abundantes, empieza a hablar de los sufrimientos que tuvo cuando empezó el trabajo con mujeres. El 15 de mayo de 1974, en Madrid, donde vivían muchas de las primeras del Opus Dei, entre ellas María Dolores Fisac, Guadalupe Ortiz de Landázuri y Carmen Gutiérrez Ríos (103), les confiaba:

Hijas mías de la primera hora –que no es la primera, sino la segunda–(104), yo os puedo decir, como San Pablo, que me habéis costado dolores de parto. Se ve que Satanás tenía empeño en que no hubiera estas hijas de Dios en el mundo. Pero el Señor os quería y ahora estáis repartidas por toda la tierra, por todos los continentes, trabajando con gentes de todas las razas y de todos los
colores. Dan ganas de alabar al Señor, cantándole Salmos –himnos, aconseja el Espíritu Santo–, cuando se escucha el modo de sentir de hermanas vuestras de otro color de piel, de otro ambiente, de otra cultura, y se ve que piensan, sienten, viven, aman y trabajan como vosotras (105).

Desarrollando la imagen que tantas veces había empleado para explicar el inicio de la Sección femenina del Opus Dei, el nacimiento de una nueva criatura, empezó a hablar de que el nacimiento de las mujeres le había costado “dolores de parto”. En una larga confidencia a fieles del Opus Dei brasileñas, durante su
viaje a América en 1974, decía: “Os he traído al mundo de la Iglesia, hijas mías, con dolores de parto, según palabras de San Pablo. Os quiero mucho porque me habéis costado mucho. Pero ahora, dadle a Jesús y a la Santísima Virgen muchas alegrías” (106).

Al año siguiente, en una reunión con mujeres del Opus Dei venezolanas, se expresaba de una manera semejante: Me recuerda [Don Álvaro del Portillo] que mañana es 14 de febrero. No os enfadaréis si os digo que vosotras para mí habéis sido... la hija inesperada.

No preveía que hubiera mujeres en el Opus Dei; hasta lo llegué a poner por escrito. Y días después, el 14 de febrero de 1930, celebrando la Santa Misa, vinisteis al mundo... Me encontraba en un oratorio pequeñín, muy feíto, que no era nuestro, sino de una señora conocida mía, que vivía en un hotelito; años después lo tiraron y levantaron una casa de vecinos. Pues apenas comulgué,
en la Santa Misa, el Señor me hizo ver que quería la Sección femenina, y aquí estáis. ¡Hala! ¡Me habéis costado cada disgusto...! ¡Sois tremendas...!” (107).

Los últimos meses de la vida terrena del fundador

Si bien, durante muchos años, san Josemaría rara vez hablaba del inicio de las mujeres fuera de la fecha del aniversario, al final de su vida, a partir de mayo de 1974 se referirá a este hecho en numerosas ocasiones, también ante auditorios numerosos.

La primera fue el encuentro con algunas de las primeras mujeres del Opus Dei, que tuvo lugar en Madrid el 15 de mayo de 1974 (108); pocos días después, el 27 de ese mismo mes, en el curso de una reunión con un grupo numeroso de brasileñas (109).

De nuevo se refirió al inicio del trabajo apostólico con mujeres durante su estancia en Argentina, el 26 de junio, en la amplia sala del teatro Coliseo de Buenos Aires (110); luego en Chile, el 5 de julio (111); y en Perú, donde hizo un largo recuerdo el día 11 del mismo mes (112). El año 1975, en torno al 14 de febrero, aludió al hecho que nos ocupa durante un viaje a Venezuela (113).

Termino con la última cita, a su vuelta a Roma después del viaje a América, el 28 de marzo de 1975, cuando cumplía los cincuenta años de su sacerdocio: “Me da mucha alegría estar con vosotras; me da mucha alegría ver esta hija que no esperaba, que es la Sección femenina –porque yo pensé que no iba a haber mujeres en el Opus Dei, pero Dios Nuestro Señor quiso que las hubiera–, y verla que se desarrolla tan espléndidamente” (114).

Consideraciones finales

Nos preguntábamos al inicio del trabajo qué aspectos esenciales de la fisonomía del Opus Dei se ponen de manifiesto en la forma en que san Josemaría transmitió los hechos fundacionales. Queda especialmente iluminado el núcleo mismo del mensaje: la universalidad de la llamada a la santidad en las ocupaciones
propias de la vida humana en la tierra; todos están convocados, hombres y mujeres, con la misma misión, con igual responsabilidad; unos y otras con su peculiar aportación. Por eso, desde el 14 de febrero de 1930, el fundador vio con creciente claridad el puesto que las mujeres estaban llamadas a desempeñar en la familia, en la sociedad civil y en la Iglesia (115).

La historia que hemos trazado pone también de relieve algunos rasgos
de la personalidad de san Josemaría, de los que destacaría cuatro. Primero, su fe en Dios y en su Providencia sapiente y amorosa; su seguridad de que el Opus Dei se realizaría se basaba en el convencimiento de que no era un proyecto personal, sino un designio que Dios confiaba, a él y a través de él, a todos los que llamaría a lo largo del tiempo. En segundo lugar, su humildad. No quería en
absoluto aparecer como protagonista; “ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca” (116), escribió en 1975, pocos meses antes de su fallecimiento.

En la manera en que transmitió los hechos fundacionales, concretamente el del 14 de febrero de 1930, se percibe que no quería apropiarse de lo que pertenecía a la gloria de Dios (117). Tercero: responsabilidad sacerdotal y paterna. Se veía a sí
mismo como una mediación querida por Dios para buscar a las personas que Él había llamado, y para formarlas según el espíritu que había recibido. Por último, alegría y agradecimiento, inseparablemente unidas; no sólo debidas a su temperamento, sino enraizadas en la fe, la esperanza y el amor.

Nos hacíamos finalmente una tercera pregunta: ¿Cuál fue la eficacia de sus palabras cuando transmitió a las mujeres que “se han abierto los caminos divinos de la tierra” (118)?

Al inicio de los años cuarenta, las mujeres del Opus Dei eran un reducido grupo de jóvenes españolas (119). Recordaba una de ellas, Nisa González Guzmán (120), que durante el verano de 1942, cuando estaba empezando el centro de la calle Jorge Manrique, un día san Josemaría llamó a Encarnación Ortega y a ella, para explicarles el panorama apostólico que tenían por delante: centros de capacitación profesional de la mujer, residencias universitarias, actividades en el campo de la moda, centros de difusión de la cultura, clínicas en todas las ciudades del mundo... Y, como lo más importante, el apostolado personal de cada una en su trabajo: “un mar sin orillas”. Ante su mirada de asombro, el fundador les dijo unas palabras que anotó Nisa: “Ante esto, se pueden tener dos reacciones: una, la de pensar que es algo muy bonito, pero quimérico, irrealizable; y otra, de confianza en el Señor que, si nos pide todo esto, nos ayudará a sacarlo adelante. Espero que tengáis la segunda” (121).

Treinta años después, en 1975, todavía en vida de san Josemaría, la semilla del Opus Dei había prendido en miles de mujeres, en todas las latitudes. Viendo que el espíritu recibido de Dios se plasmaba en personas de tan variada cultura y profesión, de toda edad y condición, no se acostumbraba: se pasmaba ante la generosidad del Señor. El panorama que se percibía en los años finales de la
vida terrena del fundador ha ido creciendo tras su fallecimiento: son muchas las mujeres que han descubierto ese “mar sin orillas” que san Josemaría les mostró a partir del 14 de febrero de 1930. Pero describir esa historia debe quedar para otro momento.

* * *

La autora cursó estudios de Filosofía en la Universidad Complutense(Madrid) y obtuvo el doctorado en la Universidad de Navarra. Profesora de Filosofía de la Educación en el Istituto Internazionale di Scienze dell'Educazione (Castelgandofo / Roma, 1965 a 1991). Hasta septiembre de 2006 ha dirigido cursos de Antropología y Ética y ha llevado a cabo trabajos de investigación en la Facultad de Filosofía de la Pontificia Università della Santa Croce. Autora de varios artículos en revistas especializadas de Filosofía y de Pedagogía.


Notas
1. Características de la expresión oral de san Josemaría eran su viveza espontánea, la corrección sintáctica, el vocabulario rico y preciso, que quedan reflejadas en las notas que recogen sus palabras. Cfr. José Miguel Ibáñez Langlois, Josemaría Escrivá como escritor, Madrid, Rialp, 2002, pp. 93-95. Carta circular, 9-I-1938, Archivo General de la Prelatura (AGP), Sec. A, Leg. 10, Carp. 2, Exp. 11.
2. Carta circular, 9-I-1938, Archivo General de la Prelatura (AGP), Sec. A, Leg. 10, Carp. 2, Exp.11.
3. En los centros en que viven fieles de la Prelatura se anotan cada día, en un estilo sencillo y familiar, los hechos más importantes de la jornada. Se conservan en el Archivo General de la Prelatura (AGP). Los que citaré tienen la misma referencia: AGP, Fondo IV, Secc. N, Serie 3 [Diarios], más un número correlativo.
4. José Orlandis, “Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, maestro de vida cristiana”, Nuestro Tiempo, 257 (1975), pp. 22 -33. Salvador Bernal, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer. Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Madrid, Rialp, 1976. François Gondrand, Au pas de Dieu. Josemaría Escrivá de Balaguer, fondateur de l’Opus Dei, Paris, France-Empire, 1982. Peter Berglar, Opus Dei. Leben und Werk des Gründers Josemaría Escrivá, Salzburg, Otto Müller Verlag, 1983. Hugo de Azevedo, Uma luz no mundo. Vida do Servo de Deus Monsenhor Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador do Opus Dei, Lisboa, Prumo – Rei dos livros, 1988. Ana Sastre, Tiempo de caminar. Semblanza de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid, Rialp, 1989. Álvaro del Portillo, Una vida para Dios. Reflexiones en torno a la figura de Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid, Rialp, 1992. Idem, Intervista sul Fondatore dell’Opus Dei, Milano, Ares, 1992. Javier Echevarría, “Mons. Escrivá de Balaguer, un corazón que sabía amar”, en La personalidad del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Pamplona, Eunsa, 1994, pp. 243-26 1. Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, Barcelona, Plaza & Janés, 1995. Javier Echevarría, Memoria del Beato Josemaría, Madrid, Rialp, 2000. John F. Coverdale, Uncommon Faith. The early years of Opus Dei (1928-1943), New York, Scepter, 2002. Javier Echevarría, “Maestro, sacerdote, Padre. Perfil humano y sobrenatural del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer”, en La grandezza della vita quotidiana. Vocazione e missione del cristiano in mezzo al mondo, vol. I, Roma, Edizioni Università della Santa Croce, 2002, pp. 67-89. Marlies Kücking, “Trazos para el perfil de un Fundador”, en Mariano Fazio (ed.), San Josemaría Escrivá, Contesto storico. Personalità. Scritti, Roma, Edizioni Università della Santa Croce, 2002, pp. 181-184. César Ortiz (ed.), Josemaría Escrivá. Profile einer Gründergestalt, Köln, Adamas, 2002. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid, Rialp, 1997-2003.
Antonio Aranda, “Perfiles teológicos de la espiritualidad del Opus Dei”, Scripta Theologica, 22 /1, (1990), pp. 89-111. Javier Echevarría, “Il cammino dell’Opera”, Romana. Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei, 24 (1997), pp. 95-99. Amadeo de Fuenmayor – Valentín Gómez-Iglesias – José Luis Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, Pamplona, EUNSA, 1989. Dominique Le Tourneau, L’Opus Dei, Paris, Presses Universitaires de France, 1984. Pedro Rodríguez – Fernando Ocáriz – José Luis Illanes, El Opus Dei en la Iglesia, Madrid, Rialp, 1993.
5. Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei. Vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid, Rialp, 1997-2003.
6. Antonio Aranda, “Perfiles teológicos de la espiritualidad del Opus Dei”, Scripta Theologica, 22 /1, (1990), pp. 89-111. Javier Echevarría, “Il cammino dell’Opera”, Romana. Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei, 24 (1997), pp. 95-99. Amadeo de Fuenmayor – Valentín Gómez-Iglesias – José Luis Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, Pamplona, EUNSA, 1989. Dominique Le Tourneau, L’Opus Dei, Paris, Presses Universitaires de France, 1984. Pedro Rodríguez – Fernando Ocáriz – José Luis Illanes, El Opus Dei en la Iglesia, Madrid, Rialp, 1993.
7. José Luis Illanes, “Datos para la comprensión histórico espiritual de una fecha”, Cuadernos del Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer, 6 (2002), pp. 105-147. Antonio Aranda, “El Beato Josemaría Escrivá de Balaguer ante su propia misión”, en Un Mensaje siempre actual, Actas del Congreso “Hacia el centenario del nacimiento del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer”, Buenos Aires, Universidad Austral, 2002, pp. 117-142. Danilo Eterovic Garret, “La luz del 2 de octubre: un estudio de fuentes”, en ibid., pp. 521-539. Gonzalo Redondo, “El 2 de octubre de 1928 en el contexto de la historia cultural contemporánea”, Cuadernos del Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer, 6 (2002), pp. 149-191.
8. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, pp. 251-324.
9. Doña Leónides García San Miguel, Marquesa de Onteiro. Cfr. ibid., p. 258, nota 17. Su casa era un hotelito situado en la calle Alcalá Galiano; fue demolida años más tarde para construir un edificio de apartamentos. Cfr. Ana Sastre, op. cit., pp. 101-102.
10. Josemaría Escrivá, Apuntes íntimos, n. 1871, anotación hecha en 1948. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, p. 323. Sobre la relevancia histórica y teológica de este texto, cfr. Antonio Aranda, “El Beato Josemaría…”, pp. 131-136.
11. Villa Tevere es el nombre del conjunto de edificios que albergan la sede central del Opus Dei en Roma: cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. III, p. 105.
12. Apuntes tomados de una meditación, 14-II-1964, AGP, Sec. P09, p. 74. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, pp. 315-324.
13. “En los meses que siguen al 2 de octubre de 1928, Don Josemaría Escrivá de Balaguer, aunque percibió claramente el alcance universal de la luz recibida, pensó que el Opus Dei estaba destinado
solamente a varones. El 14 de febrero de 1930, mientras decía la Santa Misa, vio que debía promover esa vocación también entre mujeres, dando así origen a una nueva rama o sección del Opus Dei. La Prelatura del Opus Dei –que constituye una unidad pastoral orgánica e indivisible– realiza sus apostolados por medio de la Sección de varones y de la Sección de mujeres, bajo el gobierno y dirección del Prelado, que da y asegura la unidad fundamental de espíritu y de jurisdicción entre las dos Secciones”. José Luis Illanes, op. cit., p. 130, nota 74.
14. Apuntes tomados en una reunión en Buenos Aires, el 26-VI-1974, AGP, Sec. P05, 1974, I, p. 595.
15. Apuntes tomados en una charla el 14-II-1959, AGP, Sec. P02, 1992, p. 600.
16. Apuntes de una conversación, febrero 1955, AGP, Sec. P01, II-1955, p. 6.
17. Cfr. Pedro Rodríguez et al., op. cit., pp. 69-86 y 162 -198.
18. Cfr. Statuta, nn. 1 y 130, en Amadeo de Fuenmayor et al, op. cit., pp. 62 8 y 647.
19. Diario del centro de la calle Jorge Manrique, 14-II-1943, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3 [Diarios], D-1004.
20. Cfr. Constitución apostólica Ut Sit, 2-V-1983, por la que Juan Pablo II erigió el Opus Dei en prelatura personal de ámbito internacional, AAS 75 (1983), pp. 423-425.
21. Apuntes tomados de una homilía, 14-II-1970, AGP, Sec. P06, V, 434.
22. Apuntes tomados de una meditación el 14-II-1955, AGP, Sec. P17, II, pp. 453.
23. Apuntes tomados de una meditación el 14-II-1955, AGP, Sec. P17, II, pp. 453-454.
24. Como señala José Luis Illanes, a san Josemaría le urgía poner de manifiesto que lo que había acontecido en su vida –la fundación– “no era algo nacido de su propio ser, de sus sentimientos, ansias o afanes, sino fruto de una libre iniciativa divina”; op. cit., p. 131.
25. Apuntes tomados de una meditación el 14-II-1955, AGP, Sec. P17, II, pp. 451-452.
26. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, p. 297.
27. Apuntes tomados de una homilía, 14-II-1966 , AGP, Sec. P06, V, 434.
28. Apuntes tomados de una homilía, 14-II-1970, AGP, Sec. P06, V, 434.
29. Cfr. Pedro Rodríguez et al., op. cit., pp. 104-112; ver también pp. 168-173 y pp. 296-300.
30. Apuntes tomados de una homilía, 14-II-1960, AGP, Sec. P02, III-1960, p. 12.
31. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, p. 296.
32. Cfr. textos de referencia en notas 21, 22 , 24, 26 y 29.
33. Entre otros lugares, figura en AGP, Sec. P02, II-1957, p. 10.
34. Apuntes tomados en una conversación, AGP, Sec. P02, II-1965, pp. 14-16.
35. Apuntes tomados en una conversación, AGP, Sec. P02, II-1962 , p. 36.
36. Apuntes tomados en una tertulia, 11-VII-1974, AGP, Sec. P05, II, 1974, p. 343.
37. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, pp. 321-322.
38. Apuntes tomados en una tertulia, 14-II-1960, AGP, Sec. P17, II, p. 455.
39. Apuntes tomados de una meditación, 14-II-1964, AGP, Sec. P09, p. 74.
40. Apuntes tomados en una reunión, 14-II-1966 , AGP, Sec. P02, II-1966 , p. 16.
41. Apuntes tomados en una conversación, 14-II-1971, AGP, Sec. A, Serie A-4.
42. José Luis Illanes, op. cit., p. 127.
43. Cfr. ibid.
44. Apuntes tomados en una tertulia, 11-VII-1974, AGP, Sec. P05, II, pp. 343-344.
45. Javier Echevarría, Memoria del Beato Josemaría…, p. 181.
46. Apuntes tomados en una reunión, 14-II-1966 , AGP, Sec. P02, III-1966 , p. 17.
47. Breves oraciones que recitan cada día todos los fieles del Opus Dei: cfr. Statuta, n. 82, 1º, Amadeo de Fuenmayor et al., op. cit., p. 639.
48. Carta circular, 9-I-1938, AGP, Sec. A, Leg. 10, Carp. 2, Exp. 11.
49. Carta de san Josemaría a Álvaro del Portillo y Vicente Rodríguez Casado, 13-II-1939, AGP, Sec. A, Leg. 256, Carp. 2.
50. Carta de san Josemaría a Enrique Alonso-Martínez Saumell, 13-II-1939, AGP, Sec. A, Leg. 259, Carp. 2.
51. “Peque” es una abreviatura de la palabra “pequeño”, en la acepción de alguien de poca edad. Es una manera coloquial de dirigirse a una persona más joven.
52. Carta de san Josemaría a Pedro Casciaro Ramírez, 13-II-1939, AGP, Sec. A, Leg. 256, Carp. 2.
53. Carta de san Josemaría a Ricardo Fernández Vallespín, 3-II-1939, AGP, Sec. A, Leg. 256, Carp. 2.
54. Carta de san Josemaría a Juan Jiménez Vargas, 13-II-1939, AGP, Sec. A, Leg. 256, Carp. 2.
55. María Dolores Fisac, nacida en Daimiel (España) el 15 de diciembre de 1909, pidió la admisión en el Opus Dei en 1937, y recibió directamente de san Josemaría la primera formación en el
espíritu de la Obra. Vivió principalmente en Madrid. Tuvo ocasión de conocer y tratar de cerca a la madre y a la hermana de san Josemaría. Después de una larga enfermedad, llevada con serenidad
y espíritu cristiano, falleció en Madrid, el 31 de marzo de 2005. Cfr. otros datos en Ana Sastre, op. cit., pp. 274-275, 277.
56. Carta, 14-II-1940, AGP, Sec. A, Leg. 256, Carp. 4.
57. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. II, pp. 593-611.
58. Consejo que asiste al Prelado en la dirección de la labor apostólica que realizan las mujeres del Opus Dei. Cfr. Statuta, n. 146, en Amadeo de Fuenmayor et al., op. cit., p. 651.
59. Carta, 7-II-1947, AGP, Sec. A, Leg. 259, Carp. 2. La Admisión, la Oblación y la Fidelidad son los tres momentos de la adscripción al Opus Dei: cfr. Statuta, c. III, n. 17, en ibid., p. 631.
60. Carta, 5-II-1948, AGP, Sec. A, Leg. 26 0, Carp. 1.
61. Diario del centro de la calle Jorge Manrique, 12-II-1943, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3 [Diarios], D-1004.
62. Diario del centro de la calle Jorge Manrique, 14-II-1943, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3 [Diarios], D-1004.
63. Diario del centro Los Rosales, 14-II-1946, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-1358; Diario de la administración de Moncloa, 13-II-1946, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-122 4; Diario de
la Residencia Zurbarán, 14-II-1946, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-1575.
64. Villa Sacchetti es el primer centro de mujeres del Opus Dei en Roma, situado en la calle que lleva el mismo nombre.
65. Apuntes tomados de una meditación, 14-II-1955, AGP, Sec. P17, II, p. 452.
66. Apuntes tomados de una meditación, 14-II-1955, AGP, Sec. P17, II, p. 451-452.
67. Apuntes tomados en una tertulia, el 14-II-1966 , AGP, Sec. P02, II-1966 , p. 17.
68. Denominación que se aplicaba al Opus Dei mientras que, transitoriamente, era Instituto Secular: cfr. Amadeo de Fuenmayor et al., op. cit., pp. 145-192.
69. Carta, 9-I-1955, AGP, Sec. A, Leg. 256, Carp. 5.
70. Apuntes tomados de una meditación, 14-II-1955, AGP, Sec. P17, II, p. 452.
71. Apuntes tomados en una tertulia, 14-II-1970, AGP, Sec. P02, 1970, pp. 200-201.
72. Se conserva una carta de san Josemaría, fechada en Roma el 27 de julio de 1946, dirigida a los miembros del Consejo General que residían en Madrid, en la que se refiere a la buena marcha de las gestiones para obtener la posibilidad de celebrar la Santa Misa de medianoche del 31 de diciembre al 1 de enero, del 13 al 14 de febrero y del 1 al 2 de octubre. Cfr. Carta, 27-VII-1946, AGP, Sec. A, Leg. 259, Carp. 1.
73. Diario de las que se ocupaban de la administración doméstica de la casa de Città Leonina, donde residía en ese momento el fundador. AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-2862 , 12 y 13-II-1947; Diario de Villa Sacchetti, 13-II-1950, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-2870; Diario de la administración del centro de via Pompeo Magno, 13 y 14-II-1951, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-6905.
74. Diario del centro de la calle Jorge Manrique, 14-II-1943, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-1004.
75. Carta, 10-I-1956, AGP, Sec. A, Leg. 258, Carp. 2.
76. La palabra resopón es una forma castellanizada del término catalán ressopó, que significa una ligera comida que se toma de noche, cuando se va tarde a dormir, después de la cena: cfr. Institut d’Estudis Catalans, Diccionari de la llèngua catalana, Barcelona, 1995.
77. Diario de Villa Sacchetti, 13-II-1950, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-2870.
78. Diario de la administración del centro de via Pompeo Magno, 14-II-1951, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-6905.
79. Diario de Villa Sacchetti, 14-II-1950, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-2870.
80. Cfr. Apuntes íntimos, n. 931, en Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, p. 458.
81. Ibid., n. 1136, en Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, pp. 458-459.
82. Apuntes tomados de una meditación, 13-II-1942, AGP, Sec. P16, 2000, p. 166.
83. Encarnación Ortega Pardo nació el 5 de mayo de 1920, en Puente Caldelas (España). Pidió la admisión en el Opus Dei en 1941. Estuvo presente, junto con otras fieles de la Obra, en los inicios del centro de la calle Jorge Manrique. En 1946 se trasladó a Roma, donde se dedicó a tareas de formación y de gobierno del Opus Dei, en estrecha colaboración con san Josemaría. De regreso en España, vivió en Barcelona, Oviedo y, desde 1973 hasta su fallecimiento, el 1 de dicembre de 1995, en Valladolid. Cfr. Romana. Bollettino della Prelatura della Santa Croce e Opus Dei, 21 (1995), p. 428. Enrica Botella nació el 27 de septiembre de 1917 en Alcoy (España). Pidió la admisión en 1941. En 1949 se trasladó a vivir a Italia, donde permaneció hasta el año 1966, trabajando en Roma, Nápoles y Milán. Después se trasladó a Barcelona (España), donde falleció, el 26 de septiembre de 2000. Cfr. Romana. Boletín de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, 31 (2000), p. 290. Otros datos en Ana Sastre, op. cit., pp. 275-276.
84. Don Antonio Rodilla Zanón nació en 1897; fue ordenado sacerdote en 1921. Director del Colegio de San Juan de Ribera de Valencia de 1923 a 1939 y Rector del Seminario Mayor de la misma ciudad desde 1939 a 1969. Murió en 1984: cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. II, p. 261.
85. Carta, 15-II-1942, AGP, Sec. A, Leg. 257, Carp. 4.
86. Cfr. nota 61.
87. Diario del centro de la calle Jorge Manrique, 13-II-1943, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-1004.
88. Apuntes tomados de una meditación, 14-II-1954, AGP, Sec. P02, III-1954, p. 11.
89. Apuntes tomados de una homilía, 14-II-1956, AGP, Sec. P02, III-1956, p. 24.
90. Apuntes tomados en una tertulia, 14-II-1965, AGP, Sec. P02, II-1965, pp. 16-17.
91. Apuntes tomados en una tertulia, 14-II-1965, AGP, Sec. A, Serie A.4.
92. Diario de Villa Sacchetti, 14-II-1967, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-2899. También se recogen estas ideas en el diario del centro La Montagnola, en la misma fecha, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-2830.
93. Apuntes tomados de una meditación, 14-II-1957, AGP, Sec. P02, II-1957, p. 10.
94. Apuntes tomados en una tertulia, 14-II-1974, AGP, Sec. P02, 1974, p. 308.
95. Apuntes tomados de una homilía, 14-II-1958, AGP, Sec. P06, V, 436. La Santa Misa se celebró en el oratorio del Santo Cristo, en la sede central del Opus Dei, en Roma.
96. Le gustaba este animal por varias razones, entre ellas las que explicaba en Es Cristo que pasa, n. 181: “Pensad en las características de un asno, ahora que van quedando tan pocos. No en el burro viejo y terco, rencoroso, que se venga con una coz traicionera, sino en el pollino joven: las orejas estiradas como antenas, austero en la comida, duro en el trabajo, con el trote decidido y alegre. Hay cientos de animales más hermosos, más hábiles y más crueles. Pero Cristo se fijó en él, para presentarse como rey ante el pueblo que lo aclamaba”. Cfr. también Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, pp. 416-417.
97. Apuntes tomados en una tertulia, 14-II-1970, AGP, Sec. P02, 1970, p. 201.
98. Carta de Encarnación Ortega al centro Los Rosales (Villaviciosa de Odón, Madrid), 14 de febrero de 1950, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.2 [Cartas], Carp. 2, n. IV.
99. Diario de Villa Sacchetti, 14-II-1960, AGP Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, [Diarios], D-2886 y Diario del centro de La Montagnola, en la misma fecha, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3, D-2822 .
100. Apuntes tomados de una homilía, 14-II-1960, AGP, Sec. P02, III-1960, pp. 14-15.
101. Apuntes tomados en una tertulia, 14-II-1966 , AGP, Sec. P02, III-1966 , p. 16.
102. Apuntes tomados en una tertulia, 11-VII-1974, AGP, Sec. P05, 1974, II, pp. 343.
103. Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975) pidió la admisión en el Opus Dei el año 1944. En 1950 se trasladó a México para comenzar la labor apostólica con mujeres en ese país, permaneciendo allí hasta 1956. Después de transcurrir dos años en Roma, regresó a Madrid, donde obtuvo el doctorado en Químicas. Falleció en Pamplona el 16 de julio de 1975. En noviembre de 2001 la archidiócesis de Madrid inició su causa de Canonización. Carmen Gutiérrez Ríos
solicitó la admisión en el Opus Dei en 1945: cfr. Ana Sastre, op. cit., p.309 y Diario del centro de la calle Jorge Manrique, 8-IV-1945, AGP, Fondo IV, Sec. N, Serie N.3 [Diarios], D-1009.
104. Sería interesante analizar por qué dice el fundador que no son las de la primera hora, sino de la segunda, pero excede al propósito de este estudio.
105. Apuntes tomados en una tertulia, 15-V-1974, AGP, Sec. P02, 1974, p. 1020.
106. Apuntes tomados en una tertulia, 27-V-1974, AGP, Sec. P05, 1974, I, p. 120.
107. Entonces, una de las asistentes espontáneamente le dijo: “¿Y ahora Padre?” “Ahora sé que me daréis cada día más alegrías. Y sobre todo, a Jesús Señor Nuestro y a Santa María, que es la
Madre de todos nosotros”. Apuntes tomados en una tertulia, 13-II-1975, AGP, Sec. P05, 1975, III, p. 182.
108. Cfr. nota 105.
109. Cfr. nota 106.
110. Cfr. nota 14.
111. AGP, Sec. P05, II, 1974, pp. 343-344.
112. Cfr. nota 36.
113. Apuntes tomados en una tertulia, 13-II-1975, AGP, Sec. P05, 1975, III, p. 182.
114. Apuntes tomados en una tertulia, 28-III-1975, AGP, Sec. P02, 1975, p. 283.
115. Cfr. Josemaría Escrivá, Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Madrid, Rialp, 1967, nn. 87-90.
116. Carta, 28-I-1975, AGP, Sec. A, Leg. 309, Carp. 2.
117. Había escrito en el número 780 de Camino, que apropiarse de la gloria de Dios era como un robo sacrílego, y se ve que esta convicción guiaba su conducta.
118. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Madrid, Rialp, 1963, n. 21.
119. Cfr. Ana Sastre, op. cit., pp. 273-278.
120. Nisa González Guzmán, nacida en Ceboallos (España) el 12 de julio de 1907, había pedido la admisión en 1941. En 1950 se estableció en Estados Unidos, y se trasladó sucesivamente a Canadá e Inglaterra. Al regresar a España vivió en Valencia, donde falleció el 2 de mayo de 1998. Cfr. Romana, Boletín de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei, 26 (1998), p. 135.
121. Notas tomadas en una conversación, AGP, Sec. P02, 1978, p. 977.

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