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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

De refugio en refugio

Etiquetas: Dolor, Guerra civil, Honduras
Se explica que, cuando en los primeros momentos a algunas personas les llegó la falsa noticia del fallecimiento del Fundador del Opus Dei, la aceptasen. Más aún, si –como sucedió en algún caso– la información venía con toda clase de detalles.

Estuvo en casa de un amigo, en la calle de Sagasta, 29, hasta finales de agosto. Septiembre lo pasó en un piso de la calle de Serrano, que era de unos argentinos amigos de don Álvaro del Portillo. El 1 de octubre tuvo que abandonar ese refugio, y pasó luego varios días durmiendo donde y como podía. Poco después, consiguió escondite haciéndose pasar por enfermo mental, en un sanatorio psiquiátrico de la Ciudad Lineal –en Arturo Soria, 492–, que dirigía el doctor Suils, conocido de don Josemaría de los tiempos de Logroño. Su estancia en el manicomio –controlado oficialmente por la UGT– fue especialmente dura, también porque se agravó el reumatismo que padecía: llegó a pasar cerca de dos semanas sin poder moverse. La inmovilidad de las articulaciones fue tan importante que hasta le tenían que dar de comer.

Por aquella época se había estabilizado el frente de Madrid, y todo daba a entender que la guerra se prolongaría. Se imponía buscar un refugio más normal, y con más garantías. Después de diversas gestiones con embajadas, surgió la posibilidad de entrar en la legación de Honduras (en sentido estricto, era únicamente la casa del cónsul, pero tenía reconocimiento y protección oficial). Allí llegó en marzo de 1937.

Había sufrido tanto –también de hambre– que estaba increíblemente delgado, irreconocible. Durante su estancia en esta legación de Honduras, entre marzo y agosto de aquel año, fue a verlo un día su madre. Lo esperaba en el vestíbulo, junto a la puerta del piso. Cuando salió, vestido de paisano, demacrado y pálido, doña Dolores no pudo reconocerlo hasta que oyó su voz: –¡Qué alegría verte, mamá!

Aquí el panorama de don Josemaría cambió: por fin, pudo celebrar la Santa Misa y, además, lo acompañaban varios socios de la Obra. Meses después, comenzó a hacer salidas a la calle, mediante un documento del cónsul de Honduras que lo acreditaba como empleado de la legación. Luego, el primer día de septiembre, se fue a vivir a un ático de la calle Ayala, n.° 73, y siguió desplegando una intensa actividad apostólica por Madrid: charlaba con gente, celebraba Misa, llevaba la comunión, daba meditaciones.

En estas circunstancias lo conoció, por ejemplo, Tomás Alvira, como relataba en un artículo publicado en septiembre de 1975: “Recuerdo con todo detalle la primera vez que hablé con Monseñor Escrivá de Balaguer: fue en Madrid, al atardecer. un día de julio del año 1937”. Le impresionó “la recia personalidad de aquel sacerdote joven; la visión sobrenatural que encerraba todo cuanto decía; su optimismo y alegría, no fáciles de tener en aquellos momentos tan graves, y que sólo eran comprensibles al verlos nacer de una fe profunda”.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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