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Nuestra Señora de Einsiedeln

Etiquetas: Virgen, Suiza, Santuario Mariano
El santuario de Einsiedeln se encuentra en el Cantón de Schwyz, cuyo nombre inspira el de la entera Confederación Helvética. Dista unos 40 minutos en automóvil de Zurich. De orígenes antiguos, como parte de su historia ha llegado hasta nuestros días una carta del Papa León VIII en el año 948: “Nuestro Señor Jesucristo ha erigido y consagrado un trono de gracia a Su Santísima Madre, en el monasterio del bosque. De ese modo, Nuestro Señor nos ha dado a entender su deseo de honrar ese rincón con la misma dignidad que los Santos Lugares en los que Él habitó con su Santísima Madre. Nos ha dado a entender, por consiguiente, que una peregrinación al Santuario del bosque sombrío tiene tanto valor como las que se hacen en Tierra Santa. En Su nombre anuncio yo hoy aquí una indulgencia plenaria para todas las deudas debidas por los pecados de los peregrinos.”

No se tienen datos precisos de cuándo fue entronizada en la pequeña capilla la imagen de la Virgen. La primera fue destruida por un incendio e inmediatamente sustituida por la que se venera en la actualidad.

El santuario se convirtió pronto en el centro de atracción de la piedad de la Confederación Helvética, sobre todo en tiempos difíciles. San Nicolás de Flüe -Bruder Klaus-, patrón de Suiza, acudió allí con frecuencia, desde la soledad de su celda en Ranft, para visitar a su Emperatriz Celestial, como él la llamaba.




Asimismo se extendió la costumbre de hacerlo punto de partida para muchas peregrinaciones a Tierra Santa, y de acudir de nuevo allí para agradecer a la Señora las gracias obtenidas y la protección durante el viaje.

En 1617 se recubrió la capilla con mármol, conservando, no obstante, la misma estructura originaria. Se construyeron además una imponente iglesia barroca y el monasterio. La joya más valiosa de toda aquella obra de arte es la Gnadenkapelle, la capilla donde se venera la pequeña talla de madera negra de Nuestra Señora de Einsiedeln. El 3 de mayo de 1735, tuvo lugar la Consagración de la Basílica. El monasterio se terminó en 1770.

San Josemaría ante la Virgen negra
En sus recorridos por Europa San Josemaría se detuvo en Einsiedeln muy frecuentemente. Apenas se divisaban las torres del Santuario, desde el coche, rezaba ya una Salve. Como recordaba Mons.Álvaro del Portillo, quien le acompañó en esas visitas, “iba solamente a rezar a la Santísima Virgen. Solía detenerse para hacer noche en Lucerna, y desde allí marchaba a Einsiedeln, donde ha celebrado la Santa Misa muchas veces. En otras ocasiones acudía sólo para rezar un rato; primero –como siempre- ante el Santísimo Sacramento; después iba a esa capillita donde se venera la imagen de la Virgen. No sé qué le diría, pero estoy seguro de que era una oración muy agradable a la Santísima Virgen, porque procedía de un buen hijo que quiere con locura a su Madre. También le expondría sus intenciones, porque –lo repetía sobre todo en la última temporada – le gustaba pedir todo lo que necesitaba” (Mons. Álvaro del Portillo. Notas tomadas en una reunión familiar, 19-05-1977).

Acostumbraba a detenerse en el famoso café de las tres viejitas, situado en la calle principal del pueblo. En el escaparate, un juguete de relojería representa a tres ancianas, sentadas alrededor de una mesa, conversando animadamente, con armónicos movimientos de cabeza. A la dueña del local le impresionó siempre la figura del fundador del Opus Dei. Le tuvo mucha simpatía y, después de su marcha al Cielo, una gran devoción.

Ante el Santuario de Einsiedeln, 1959, con don Álvaro del Portillo
Ante el Santuario de Einsiedeln, 1959, con don Álvaro del Portillo
Una de las estancias de San Josemaría en Einsiedeln tuvo lugar durante el verano de 1968. Se encontraba en la localidad de Sant'Ambrogio Olona, al norte de Italia. El viaje duró treinta y dos horas entre la ida, la estancia y la vuelta. Al regresar, cansado, comentaba que el largo viaje ha valido la pena para ver a la Virgen.

En 1969 San Josemaría regresó de nuevo a rezar ante la Virgen para pedir por la Iglesia y por el Santo Padre, y poner en manos de María todo lo que llevaba en el corazón.