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Palabras del Nuevo Testamento meditadas por el fundador del Opus Dei

Francisco Varo

Etiquetas: Evangelio, Jesucristo, Oración
Studia et Documenta –la revista anual del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer– recoge en su primer número un artículo de Francisco Varo sobre ocho cuartillas manuscritas por san Josemaría encabezadas con la inscripción “Palabras del Nuevo Testamento repetidas veces meditadas. Junio – 1933”.

Este documento contiene un elenco de 112 textos del Nuevo Testamento con algunas glosas ocasionales, muy breves. Tras una introducción que incluye la descripción del manuscrito, el autor del artículo, presenta la transcripción anotada del documento, algunas notas sobre el contexto histórico en el que se escribió, un acercamiento a su posible itinerario redaccional y una primera reflexión sobre su contenido.

No se contempla a Jesús –afirma el prof. Varo- como una figura admirable que emerge de unas palabras escritas hace dos milenios, pues Jesucristo resucitado vive también ahora, y busca igualmente en este tiempo discípulos que vivan junto a Él y trabajen a su lado. Es más, mujeres y hombres que, identificados con Cristo, lo hagan presente en el mundo.

Se trata de un testimonio que ilustra la vida espiritual y la actividad sacerdotal de san Josemaría en los primeros años del Opus Dei y se conserva en el archivo general de la Prelatura del Opus Dei.

Contexto histórico
Para acercarse al contexto en el que se escribieron estas cuartillas interesa no perder de vista los trabajos y las cuestiones que más ocuparon a san Josemaría en los meses previos a su puesta por escrito, que no eran otras que el modo de llevar a la práctica la voluntad de Dios claramente vista el 2 de octubre de 1928 y que consistían en hacer el Opus Dei.

En enero de 1933, comenzó a impartir unas clases de formación cristiana para chicos jóvenes. A partir de entonces fueron llegando algunas nuevas vocaciones a quienes era necesario orientar y a los que prestó toda su atención. Entre las normas de piedad cristiana que les aconsejaba vivir estaba la lectura y meditación de los escritos del Nuevo Testamento, como medio imprescindible para conocer y tratar personalmente a Jesucristo. Buena muestra de esa convicción es la dedicatoria que escribió en un libro sobre la Pasión de Jesús que regaló a Ricardo Fernández Vallespín, un estudiante de Arquitectura al que había conocido pocos días antes y que se incorporaría al Opus Dei al final del verano de aquel año:

+ Madrid-29-V-33
que busques a Cristo
que encuentres a Cristo
Que ames a Cristo (1).

Aproximación al contenido
En un documento de estas características lo más significativo es la selección que presupone: los motivos por los que se escogen algo más de un centenar de textos breves, entre los miles de versículos que confíguran el Nuevo Testamento.

Constituyen textos breves en los que un cristiano corriente, que ha recibido una llamada divina a buscar santidad en su trabajo profesional ordinario y a realizar una labor apostólica intensa en los ambientes familiares y sociales en los que se mueve, encuentra que la vida de Jesús y la de los Apóstoles constituye una referencia cercana y asumible para su propia vida.

De entrada, son varios los textos que, desde perspectivas diversas y con matices distintos, invitan a pensar en la llamada al seguimiento de Cristo y a colaborar con Él en la gran tarea de la redención (2), invitación que constituye un don divino totalmente gratuito (3). Esa vocación exige situarse en una perspectiva de fe para contemplar la propia vida y actividad dentro de los planes salvadores de Dios (4), y requiere una profunda humildad. La única respuesta coherente a esa llamada es una entrega sin reservas a la voluntad de Dios (5). Con esa generosidad plena en la correspondencia a la gracia es posible dar fruto abundante y conseguir una vida en plenitud (6).

La frase añadida al fínal de todo el elenco resume, con palabras de San Pablo, una actitud básica para cualquier cristiano, que resulta muy adecuada también para un apóstol en medio del mundo: "No debáis nada a nadie, a no ser el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido plenamente la Ley" (Rm 13.8).

San Josemaría en su acceso a la Biblia no lee el Nuevo Testamento como algo de otro tiempo, sino que contempla su vida personal en el mundo actual y acude al texto sagrado como punto de referencia para valorar la propia experiencia en sus justas dimensiones sobrenaturales.

Como se puede apreciar, el armazón del documento lo constituyen las líneas fundamentales del espíritu del Opus Dei. San Josemaria era consciente desde la fundación del Opus Dei, el 2 de octubre de 1928, de que aquello que el Señor le pedía que hiciera no era fruto del ingenio humano para dar respuesta a unas necesidades ocasionales de la Iglesia en un tiempo o un país determinado, sino algo que está en la entraña misma del mensaje cristiano. Así lo manifiesta en una de sus Cartas:

“A la vuelta de tantos siglos, quiere el Senor servirse de nosotros para que todos los crislianos descubran, al fin, el valor santificador y santificante de la vida ordinaria del trabajo profesional y la efícacia del apostolado de la doctrina con el ejemplo, la amistad y la confidencia.
Quiere Jesús, Señor Nuestro, que proclamemos hoy en mil lenguas y con don de lenguas, para que todos sepan aplicárselo a sus propias vidas, en todos los rincones del mundo, ese mensaje viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo" (7).

Este documento, escrito cuando no habían pasado cinco años desde la fecha fundacional, y cuando apenas comenzaban a cuajar las primeras vocaciones, es bien elocuente acerca de que ese mensaje del Opus Dei es, verdaderamente, "viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo" según san Josemaria apunta con plena sencillez.


Francisco Varo. Doctor en Filosofía y Letras (Filología Bíblica Trilingue) por la Universidad Pontifícia de Salamanca y en Teología (Sagrada Escritura) por la de Navarra. en la que es profesor de Sagrada Escritura. Miembro del equipo editor de la Sagrada Biblia de la Universidad de Navarra. Ha dirigido proyectos de investigación sobre la historia de la exégesis biblica y publicado libros y numerosos articulos de su especialidad. También es autor de algunos trabajos sobre san Josemaría Escrivá.


Notas
1. Véase Andrés Vázquez de Prada, EL Fundador del Opus Dei, vol. I, Madrid, Rialp. 1997, p. 492.
2. Cfr. los textos de número 2, 57 y 96. Recogemos aquí las citas del Nuevo Testamento en castellano, aunque se encuentren en latín en el documento original, para facilitar al lector la comprensión del contenido.
2— Seguidme y os haré pescadores de hombres. (Mt4,19 Jesús a Pedro y a Andrés)
57 Porque si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, pues es un deber que me incumbe. ¡Ay de mí si no evangelizara! (1 Co 9,16)
96 Mira, estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo. (Ap 3,20).
3. Cfr. los textos de número 16, 23, 47, 50 y 99.
16 Os digo de verdad que muchas viudas había en Israel en tiempos de Elías, cuando durante tres años y seis meses se cerró el cielo y hubo gran hambre por toda la tierra; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Muchos leprosos había también en Israel en tiempo del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, más que Naamán el Sirio. (Lc 4,25-27)
23 Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él. Entonces Jesús les dijo a los doce: —¿También vosotros queréis marcharos? Le respondió Simón Pedro: —Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios. (Jn 6,66-69)
47 Y a los que predestinó también los llamó. (Rm 8,30)
50 Considerad, si no, hermanos, vuestra vocación; porque no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios, y Dios eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; escogió Dios a lo vil, a lo despreciable del mundo, a lo que no es nada, para destruir lo que es, de manera que ningún mortal pueda gloriarse ante Dios. El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1 Co 1,26-29.31)
99 ¡Hombre, quién eres tú para contradecir a Dios! ¿Acaso le dice la vasija al que la ha moldeado: «Por qué me hiciste así»? ¿Es que el alfarero no tiene poder sobre el barro para hacer de una misma masa una vasija, bien sea para usos nobles, bien para usos viles? (Rm 9,20-21).
4. Cfr. los textos de número 15, 76, 77, 86, 97 y 107.
15 En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: «Arráncate y échate al mar», sin dudar en su corazón, sino creyendo que se hará lo que dice, le será concedido. Por tanto os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá. (Mc 11,23-24)
76 El que os llama es fiel, y por eso lo cumplirá. (1 Ts 5,24)
77 Doy gracias a aquel que me ha llenado de fortaleza, a Jesucristo nuestro Señor, porque me ha considerado digno de su confianza al conferirme el ministerio. (1 Tm 1,12)
86 Pero hay algo, queridísimos, que no debéis olvidar: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. (2 P 3,8)
97 Al que venza le concederé sentarse conmigo en mi trono, igual que yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. (Ap 3,21)
107 Auméntanos la fe. (Lc 17,5), acaba de hablar del escándalo (piedra de molino) y luego de las veces que hay que perdonar al pecador arrepentido. Entonces los apostóles dicen adauge... [auméntanos ...]
5. Cfr. los textos de número 5, 9, 21, 91, 92, 93 y 94.
5 —¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: —Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre. (Mt 12,48-50)
9 Hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; también hay eunucos que han quedado así por obra de los hombres; y los hay que se han hecho eunucos a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender, que entienda. (Mt 19,12)
21 —Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. (Jn 4,34)
91 Si tu mano o tu pie te escandaliza, córtatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la Vida manco o cojo, que con las dos manos o los dos pies ser arrojado al fuego eterno. (Mt 18,8)
92 Pues nada hemos traído al mundo y nada podemos llevarnos de él. (1 Tm 6,7)
93 Nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mt 6,24)
94 Al ángel de la iglesia de Laodicea escríbele: «Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio de la creación de Dios: "Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Y así, porque eres tibio, y no caliente ni frío, voy a vomitarte de mi boca. (Ap 3,14-16)
6. Cfr. los textos de número 1, 3, 18, 56, 72, 80 y 81.
1 Dad, por tanto, un fruto digno de penitencia (Mt 3,8 – San Juan a los fariseos)
3 Y tú, Cafarnaún, ¿acaso serás exaltada hasta el cielo? ¡Hasta los infiernos vas a descender! Porque si en Sodoma hubieran sido realizados los milagros que se han obrado en ti, perduraría hasta hoy. (Mt 11,23 – abuso de las gracias)
18 —En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos (Lc 21,3)
56 Nada es la circuncisión ni es nada la falta de circuncisión: lo importante es la observancia de los mandamientos de Dios. (1 Co 7,19)
72 ... os habéis despojado del hombre viejo con sus obras (Col 3,9)
80 Pero tenéis que ponerla en práctica y no sólo escucharla engañándoos a vosotros mismos. (St 1,22)
81 ¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle? (St 2,14)
7. Carta 9-I-1932, n. 91. Citada en Andrés Vázquez de Prada, op. cit., p. 568.


El artículo completo está disponible en la revista Studia et Documenta, del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer .



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