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Relatos biográficos

Prehistoria de la fundación del Opus Dei (1917-1928)

Federico M. Requena y Javier Sesé

Etiquetas: 2 de octubre 1928, Fundación del Opus Dei, Historia, Huellas en la nieve, Vocación cristiana
El Opus Dei fue fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer el 2 de octubre de 1928. En ese momento Josemaría era un joven sacerdote de 26 años. Hasta esa fecha no hay historia propiamente dicha del Opus Dei. Hay una prehistoria que se identifica con la biografía de su Fundador y que tiene diversos hitos: los "barruntos", o el descubrimiento, en torno a los quince años, de que Dios le pide algo; la decisión consiguiente de hacerse sacerdote, por entender que era el mejor modo de disponerse a cumplir la voluntad de Dios, y la oración incesante, la mortificación y el estudio para conocer ese "algo"… Esta prehistoria finalizó en Madrid en 1928.


Varios textos de carácter autobiográfico de Josemaría Escrivá, tomados de sus "Apuntes íntimos" o de sus recuerdos posteriores, sintetizan este periodo. Los "Apuntes íntimos", recogidos con frecuencia en estos primeros apartados, son textos originales del Fundador del Opus Dei en los que se reflejan muchos aspectos de su vida espiritual y de los primeros pasos de su labor apostólica. Los Apuntes íntimos fueron escritos, en su casi totalidad, al hilo de los acontecimientos, entre 1930 y 1940.

Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una meditación, 19-III-1975
Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor (...). Yo no sabía lo que Dios quería de mí, pero era, evidentemente, una elección. Ya vendría lo que fuera... De paso me daba cuenta de que no servía, y hacía esa letanía, que no es de falsa humildad, sino de conocimiento propio: no valgo nada, no tengo nada, no puedo nada, no soy nada, no sé nada....

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 290 (IX-1931)
Quería Jesús, indudablemente, que clamara yo desde mis tinieblas, como el ciego del Evangelio. Y clamé durante años, sin saber lo que pedía. Y grité muchas veces la oración "ut sit!" [¡qué sea!], que parece pedir un nuevo ser.

Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una meditación, 14-II-1964
Me hizo nacer en un hogar cristiano, como suelen ser los de mi país, de padres ejemplares que practicaban y vivían su fe, dejándome en libertad muy grande desde chico, vigilándome al mismo tiempo con atención. Trataban de darme una formación cristiana, (...)
Todo normal, todo corriente, y pasaban los años. Yo nunca pensé en hacerme sacerdote, nunca pensé en dedicarme a Dios. No se me había presentado el problema porque creía que eso no era para mí. Pero el Señor iba preparando las cosas, me iba dando una gracia tras otra, pasando por alto mis defectos, mis errores de niño y mis errores de adolescente.

Pasó el tiempo y vinieron las primeras manifestaciones del Señor: aquel barruntar que quería algo, algo (...) Acuden a mi pensamiento tantas manifestaciones del Amor de Dios. El Señor me fue preparando a pesar mío, con cosas aparentemente inocentes, de las que se valía para meter en mi alma esa inquietud divina. Por eso he entendido muy bien aquel amor tan humano y tan divino de Teresa del Niño Jesús, que se conmueve cuando por las páginas de un libro asoma una estampa con la mano herida del Redentor. También a mí me han sucedido cosas de este estilo, que me removieron y me llevaron a la comunión diaria, a la purificación, a la confesión... y a la penitencia.

Dios nuestro Señor, de aquella pobre criatura que no se dejaba trabajar, quería hacer la primera piedra de esta nueva arca de la Alianza, a la que vendrían gentes de muchas naciones, de muchas razas, de todas las lenguas.

Eran hachazos que Dios Nuestro Señor daba para preparar -de ese árbol- la viga que iba a servir, a pesar de ella misma, para hacer su Obra. Yo, casi sin darme cuenta, repetía: Domine, ut videam! Domine, ut sit! [¡Señor qué vea! ¡Señor qué sea!] No sabía lo que era, pero seguía adelante, adelante, sin corresponder a la bondad de Dios, pero esperando lo que más tarde habría de recibir: una colección de gracias, una detrás de otra, que no sabía cómo calificar y que llamaba operativas, porque de tal manera dominaban mi voluntad que casi no tenía que hacer esfuerzo. Adelante, sin cosas raras, trabajando sólo con mediana intensidad. Fueron los años de Zaragoza.


Federico M. Requena y Javier Sesé, Fuentes para la Historia del Opus Dei, Ariel, Barcelona 2002