San Josemaría Escrivá
Devoción a San Josemaría

Una ayuda del cielo

Etiquetas: Amistad, Cielo, Santidad, devoción
“Cuando el Señor me llame y me lleve al Cielo, desde allí os podré ayudar mucho más y con mucha eficacia”.

Desde el día de su fallecimiento, el 26 de junio de 1975, comenzaron a llegar a la sede de la Prelatura del Opus Dei, en Roma, desde todas las partes del mundo, relatos de favores atribuidos a la intercesión de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer: conversiones, decisiones de practicar a fondo la fe cristiana, curaciones, favores materiales... Es el eco de una devoción que la Santa Sede ha calificado como “un auténtico fenómeno de piedad popular”.

La intercesión de los santos
En este mundo, los santos han vivido para amar a Dios y a los demás, imitando a Jesucristo que «pasó haciendo el bien». Pero cuando llegan al cielo, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, «no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero».

Todo empezó con una oración
Muchas personas han comenzado a rezar a san Josemaría gracias a un encuentro –no pocas veces casual- con la estampa para su devoción.

En el mercado
“Yo todos los días me encomiendo a Monseñor —escribe una señora guatemalteca que trabaja en un mercado—, quiero decirles que si por favor me pueden mandar oraciones para unas personas que desean obtener gracias de Monseñor, porque yo les digo que Monseñor hace maravillas de sanar enfermos y quitarle los vicios de alcohol, y unos ya han visto las maravillas. Por eso les pido me manden estampitas con oración”.



Desde la cárcel
La siguiente carta fue escrita hace años, antes de la beatificación de Mons. Escrivá. Está fechada en una cárcel: “Recibí sus estampas de la devoción privada, pues aquí algunos compañeros de cautiverio son piadosos y rezan diariamente el Santo Rosario, y las regalé el domingo después de la Santa Misa que ofició el Señor capellán del penal. Yo le sugiero que si tiene a bien, puede enviarle unas estampas a este padre capellán pues la verdad es que aquí nadie conocía esta bella oración y sobre todo es una ayuda para cada persona en sus necesidades diarias. Él visita otros seis patios más donde hay también viejitos como yo que saben apreciar lo de gran valor cristiano”.

En el desierto
Muchas veces, la estampa ha ido de mano en mano, hasta llegar a lugares remotos. Lo que se relata a continuación le sucedió a un abogado chileno: “Hace un par de semanas, mi socio y yo partimos al norte del país. Teníamos que recorrer varios pueblos y ciudades para ver el estado de avance de algunos juicios. El camino cruzaba inmensas extensiones de uno de los desiertos más áridos del mundo: el desierto de Atacama. Teníamos tiempo, así es que decidimos ir a visitar el Valle del Encanto, un monumento arqueológico de esa zona. El camino era duro, a ratos se hacía difícil distinguir entre la carretera y el desierto. Llegamos junto a la caseta del guardia del monumento. Entramos. Me puse a mirar los cacharros de arte rupestre que estaban en una de las estanterías. Grande fue mi sorpresa cuando vi una estampa de Monseñor Escrivá —un poco desteñida por el sol— que se encontraba pegada a las tablas de la pared. Le pregunté al guardia si se encomendaba a él y me respondió que sí, y que le tenía una gran devoción desde hacía años”.

En el hospital
“En Galway —escribe un médico desde Irlanda—, mucha gente reconoce a Monseñor Escrivá cuando le ofrezco una estampa. Algunos me dicen: «Tengo esa oración desde hace mucho tiempo y he estado rezándola». Otros, añaden con convicción: «es una oración muy buena». En el hospital donde trabajo se puede ver en las mesitas de los enfermos, encima de las camas, en la ventana... En algunos casos, los enfermos han copiado a mano la oración para darla a sus parientes. Muchos acuden a la intercesión de Monseñor Escrivá para superar su enfermedad, otros dan la estampa a sus parientes para que recen por su recuperación. La tratan con gran respeto y están muy contentos cuando reciben otra nueva.